Cuando el papa León XIV fue elegido el año pasado y se supo que era aficionado al tenis, su amor por el deporte fue celebrado durante una audiencia con Jannik Sinner, el número uno del mundo. Desde entonces, el pontífice procura reservar tiempo cada semana para jugar, integrando esta práctica en su vida espiritual inspirada por la Regla de San Agustín, que resalta el valor de los buenos hábitos.
“Está tratando de mantener cierta regularidad en su rutina que proviene de la Regla”, explicó el reverendo Rob Hagan, prior de la Provincia Agustiniana de Santo Tomás de Villanova y capellán de la Universidad de Villanova, alma mater del papa. Según Hagan, León XIV subraya un valor agustiniano a menudo olvidado: el desarrollo de la vida interior en medio del ruido del mundo moderno.
Su devoción por San Agustín también se reflejó en abril, cuando peregrinó a las ruinas arqueológicas de Argelia donde vivió y murió el filósofo del siglo V. En su rutina cotidiana, el papa suele pasar los lunes y martes en el retiro papal de Castel Gandolfo, cerca de Roma, donde juega tenis con su secretario, monseñor Edgard Iván Rimaycuna Inga, además de nadar y montar a caballo.
Antes de convertirse en papa, el entonces cardenal Robert Prevost reconocía ser “un jugador de tenis bastante aficionado” y esperaba “volver a la cancha” tras su misión en Perú y su trabajo al frente del Dicasterio para los Obispos. Su interés deportivo sorprendió incluso al campeón croata Marin Cilic, quien afirmó que era “increíble escuchar que al papa León le encanta el tenis”.
El reverendo Hagan describe el tenis como un juego que exige disciplina mental. “Si tu oponente te va a vencer, está bien. Pero no te venzas a ti mismo… eso requiere disciplina y buenos hábitos”, explicó. Esa fortaleza mental y física, dijo, ayuda al papa a enfrentar sus responsabilidades: dirigir misas multitudinarias, reunirse con fieles y soportar los viajes agotadores de su ministerio. En abril, León recorrió más de 17,700 kilómetros en una gira de 11 días por África.
Hagan destacó que la buena condición física del pontífice —gracias a actividades como el tenis y los ejercicios de gimnasio que realizaba en el Vaticano antes de asumir el trono papal— le permite mantener el ritmo. “Puede cantar las partes de la misa porque tiene capacidad pulmonar. Es algo físicamente exigente”, señaló.
Más allá del deporte, el sacerdote subrayó cómo León XIV ha impulsado el interés en los valores agustinianos. “Las personas están descubriendo quién es San Agustín y aplicando esos valores. No tenemos un monopolio sobre ellos, pero gracias a Agustín y ahora a León, la gente los ve con claridad”, dijo Hagan, quien ha predicado esos principios por más de dos décadas en Villanova.
“Eso no significa que ganarás todos los juegos o los partidos de tenis —concluyó Hagan—. Se trata de buscar ser la mejor versión de uno mismo: mente, cuerpo, alma y espíritu”.



