El nuevo salón de baile de la Casa Blanca llevará el nombre de Donald Trump

Trump planea construir un salón de $300 millones con su nombre tras demoler el Ala Este.
El espacio tendrá capacidad para 900 personas y podría ser inaugurado en 2026

Washington — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planea bautizar con su nombre el nuevo y polémico salón de baile de la Casa Blanca, valorado en 300 millones de dólares, que será construido en el lugar de la recientemente demolida Ala Este, informó la cadena ABC.

Fuentes anónimas citadas por el medio aseguraron que el espacio se llamará “Presidente Donald J. Trump”. En una conferencia de prensa previa, el mandatario había evitado responder cómo se llamaría la nueva estructura, afirmando que no entraría en detalles por el momento.

Toda el Ala Este fue demolida esta semana para dar paso a un salón de 8,000 metros cuadrados con capacidad para 900 personas. Según los planes, podría inaugurarse en 2026, coincidiendo con la conmemoración de los 250 años de la fundación de Estados Unidos.

Trump reunió a decenas de magnates y empresas tecnológicas para recaudar los fondos necesarios. Durante una cena con los patrocinadores dijo que “este es el precio de tener acceso al presidente”, según fuentes presentes.

La Casa Blanca divulgó una lista de donantes en la que figura el empresario Bejamín León, nuevo embajador en España y dueño de una empresa de servicios de salud en Florida. También aparecen grandes corporaciones tecnológicas como Amazon, Google, Meta y Microsoft, además del magnate petrolero Harold Hamm, conocido financista de las campañas políticas de Trump.

La demolición del Ala Este generó controversia debido a su valor histórico. Construida en 1902 bajo la presidencia de Theodore Roosevelt, la estructura balanceaba visualmente al Ala Oeste, donde se encuentra el Despacho Oval. En 1942, durante el mandato de Franklin D. Roosevelt, fue ampliada e incluyó un búnker subterráneo.

A lo largo de su historia, el Ala Este funcionó como entrada formal para visitantes oficiales y fue sede de la oficina de las primeras damas, un rol que comenzó con Eleanor Roosevelt. También albergaba la sala de cine utilizada por la familia presidencial. Su demolición, por tanto, ha despertado críticas de historiadores y arquitectos que cuestionan la decisión del presidente de sustituir un espacio emblemático por una construcción que llevará su propio nombre.

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