París – Cuando Pedro Elías Garzón Delvaux, de 15 años, descubrió que una foto suya captada por Associated Press el día del robo de las joyas de la corona en el Louvre se había vuelto viral, decidió guardar silencio. Fascinado por los detectives como Sherlock Holmes y Hércules Poirot, el joven de Rambouillet eligió disfrutar del misterio que había desatado.
La imagen mostraba a tres policías frente a un coche de patrulla y, a la derecha, una figura solitaria con sombrero de fieltro avanzando con paso decidido. Internet bautizó al desconocido como “Fedora Man”: ¿un detective?, ¿un infiltrado?, ¿una creación de inteligencia artificial? Pedro observó intrigado mientras millones especulaban sobre su identidad. “No quería decir inmediatamente que era yo”, relató. “Con esta foto hay un misterio, así que tienes que hacerlo durar”.
Días después, posó ante las cámaras de AP en su casa con el mismo atuendo: sombrero fedora, chaleco Yves Saint Laurent prestado por su padre, chaqueta elegida por su madre, pantalones Tommy Hilfiger y un reloj ruso de época. Su look en la imagen, inspirado en los años 40, contrastaba con la modernidad que lo rodea. “En la foto, voy vestido de los años 40 y estamos en 2025; hay un contraste”, explicó.
La fotografía, pensada para documentar el operativo policial tras el asalto al museo, terminó creando una estrella accidental. Incluso familiares dudaron de que fuera él hasta que reconocieron a su madre de fondo. “Queríamos ir al Louvre, pero estaba cerrado. No sabíamos que había un atraco”, contó.
Pocos días más tarde, un amigo le avisó que la imagen había superado los cinco millones de vistas y que salía publicada en The New York Times. “Me asombró que sólo con una foto puedas ser viral en tan poco tiempo”, dijo entre risas.
Pedro, amante de la elegancia clásica, asegura que su estilo no es un disfraz. “Me gusta ser chic. Voy a la escuela así”, comentó. Aunque en su colegio nadie usa uniforme, su particular manera de vestir ya es tendencia. “Uno de mis amigos vino esta semana con corbata”, añadió.
Su madre, Félicité Garzon Delvaux, creció rodeada de arte en un palacio del siglo XVIII y comparte con su hijo esa pasión. “La vida sin arte no es vida”, afirma. Para Pedro, todo cobra sentido: “Cuando ocurre algo inusual, no imaginas a un detective normal. Te imaginas a alguien diferente”.
El joven dejó pasar algunos días antes de abrir su cuenta de Instagram al público. “La gente tenía que intentar averiguar quién soy”, dijo divertido. Hoy se lo toma con calma y hasta bromea con futuras propuestas cinematográficas. “Estoy esperando a que me llamen para hacer películas. Sería muy divertido”, dice con una sonrisa.
En una historia marcada por un robo y mil teorías, Pedro representa un giro luminoso: un adolescente que combina arte, estilo y misterio, convertido en símbolo de una época donde una sola imagen puede darle la vuelta al mundo. “Soy una estrella”, admite, más como experimento que como alarde. “Seguiré vistiendo así. Es mi estilo”.




