El clima extremo, la falta de infraestructura y la compleja geología de Groenlandia han frenado el desarrollo de minas de tierras raras, esenciales para la tecnología moderna. Aunque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha expresado interés en controlar la isla, los desafíos técnicos y ambientales permanecen.
Trump busca reducir la dependencia de China en el suministro global de tierras raras, un recurso que el país asiático domina casi por completo. Su administración ha invertido millones de dólares en empresas del sector y considera que asegurar Groenlandia, actualmente bajo soberanía de Dinamarca, podría ayudar a resolver el problema. “Vamos a hacer algo en Groenlandia, les guste o no”, declaró Trump.
Sin embargo, expertos advierten que la minería en Groenlandia enfrenta obstáculos enormes. “La lejanía es el principal desafío. Faltan carreteras, ferrocarriles y fuentes de energía”, explicó Diogo Rosa, del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia. Además, el proceso de extracción es contaminante y podría poner en riesgo el delicado ecosistema ártico, explicó Patrick Schröder, de Chatham House.
La geología complica aún más el panorama: los minerales están atrapados en eudialita, una roca difícil de procesar. “Si estamos en una carrera por los recursos, debemos enfocarnos en depósitos más accesibles”, opinó David Abraham, especialista en minerales críticos. A pesar de los intereses, la minería apenas ha pasado la fase exploratoria.
Para analistas como Tracy Hughes, del Instituto de Minerales Críticos, la motivación estadounidense está más ligada a razones geopolíticas que económicas. “La fijación con Groenlandia tiene más que ver con la estrategia militar y la influencia global que con el suministro real de minerales”, sostuvo. Trump reafirmó esa visión al decir: “No queremos que Rusia o China vayan a Groenlandia”.
Incluso empresas interesadas, como Critical Metals, enfrentan enormes costos y largos plazos antes de producir resultados. Por otro lado, proyectos en Estados Unidos y Australia están mucho más avanzados y ofrecen mejores condiciones. El gobierno estadounidense ha invertido en MP Materials, operadora de la única mina de tierras raras del país, así como en compañías que reciclan o producen imanes.
“Con más del 90% de las tierras raras aún provenientes de China, cambiar la situación llevará tiempo”, afirmó Scott Dunn, de Noveon Magnetics, cuya planta en Texas ya produce más de 2,000 toneladas métricas de imanes al año.
Pese a los planes ambiciosos, los expertos concluyen que Groenlandia sigue siendo una apuesta difícil, tanto por su entorno hostil como por los costos descomunales que implica desarrollar una industria minera en el hielo ártico.




