La entrada a la Bahía de San Juan ha sido, desde la Conquista, uno de los pasos marítimos más peligrosos del Caribe. Ese historial volvió a repetirse la noche del martes, 19 de enero de 1988, cuando el buque portacontenedores Long Beach encalló cerca de la Isla de Cabras debido a fuertes vientos atlánticos y oleaje intenso.
El navío, con una eslora de unos 686 pies y un ancho de 75 pies, transportaba 594 furgones con mercancía de la empresa Sea-Land. Según reportó la periodista María Soledad Calero en la edición del miércoles, 20 de enero de 1988, del periódico El Mundo, las autoridades enviaron remolcadores para intentar liberar el carguero durante la marea alta.
La emergencia coincidió con la visita inaugural a Puerto Rico del entonces crucero más grande del mundo, Sovereign of the Seas. A bordo viajaba el expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter junto a casi 2,000 pasajeros. De acuerdo con la agencia Reuters, el encalle del Long Beach provocó un retraso de 13 horas en la salida del crucero desde el Puerto de San Juan.
El accidente obstruyó el tráfico marítimo y afectó las vacaciones de cerca de 10,000 turistas, además de causar retrasos en la cadena de suplido en Puerto Rico. United Press International (UPI) informó que Jimmy Carter y su esposa, Rosalynn, se encontraban de vacaciones y fueron recibidos con entusiasmo en una ceremonia de bienvenida en San Juan.
Aunque el crucero finalmente zarpó rumbo a las Islas Vírgenes, el carguero permaneció encallado por tres días. Los intentos iniciales de la Guardia Costera de Estados Unidos y la Autoridad de los Puertos para moverlo resultaron infructuosos, por lo que se permitió el tránsito marítimo de uno en uno por el canal.
Durante la remoción surgió una controversia sobre si el capitán del Long Beach, Stanley Maluski, contaba con el visto bueno para entrar a la bahía. Según el periodista Samuel René Quiñones, los pilotos prácticos Frank Reyes y Joe Estrella aseguraron que existía un acuerdo para esperar en la boya 4, pero que el capitán decidió continuar pese al mal tiempo.
Los pilotos advirtieron al gobierno sobre la necesidad de mejorar las condiciones del puerto, la reglamentación de su profesión y los recursos de la Autoridad de los Puertos para evitar accidentes similares. Tras liberar el buque, una investigación del USCG y la Autoridad de los Puertos concluyó que la causa fue un error de cálculo del capitán, con pérdidas millonarias para la economía local y daños a arrecifes de coral.




