La elección del personaje mundial 2025 fue indiscutible: el presidente Donald Trump acaparó la atención global con un retorno a la Casa Blanca que ha marcado un profundo cambio en la política y las relaciones internacionales. Su victoria sobre Kamala Harris en 2024 anticipaba turbulencias, pero pocos previeron la magnitud de los giros que daría su nueva administración.
En apenas 11 meses de gobierno, Trump ha expandido el poder del Ejecutivo, reforzado por un Congreso de mayoría republicana, para impulsar una agenda nacionalista. En materia migratoria reactivó redadas masivas, amplió detenciones sin debido proceso y ordenó deportaciones que ya alcanzan casi medio millón de personas. Paralelamente, desmanteló dependencias dedicadas a derechos humanos y cambio climático, y redujo drásticamente el Departamento de Educación.
Su gobierno ha usado fuerzas federales para intervenir en protestas y operativos locales, desatando críticas sobre autoritarismo y militarización interna. La relación con la prensa se caracteriza por enfrentamientos abiertos, vetos y demandas que, según observadores, buscan promover la autocensura. En el ámbito judicial, ha desafiado tribunales e impulsado investigaciones contra adversarios políticos.
“Trump 2.0 es más rápido y agresivo”, advirtió Gail Hert, exfuncionario de la CIA y miembro de Estado Estable, organismo que alerta sobre un “declive democrático” y la entrada de Estados Unidos en un modelo de “autoritarismo competitivo”.
En política exterior, Washington ha cuestionado su compromiso con la OTAN, ha condicionado ayuda militar a Ucrania y adoptado una estrategia más alineada con su interés directo. En Medio Oriente, se consolidó el apoyo a Israel, se negoció la liberación de rehenes en Gaza y se intensificó la presión sobre Irán con un ataque unilateral. El panorama económico no quedó al margen: Trump impuso aranceles globales de hasta 10%, retirando luego algunos por el impacto inflacionario.
América Latina ocupa un lugar prioritario en su nueva Doctrina Monroe reinterpretada, que busca “paz mediante la fuerza”. Estados Unidos ha desplegado tropas en el Caribe, amenazado con acciones militares en Venezuela, Colombia y México, y definido al hemisferio como su “vecindario estratégico”. Según el exenviado Mauricio Claver-Carone, “no se puede ser potencia global sin dominar la región”.
Países afines como Argentina, El Salvador y Ecuador han recibido beneficios financieros, mientras que Colombia, Cuba y Venezuela enfrentan sanciones adicionales. “Durante años pedían atención… ahora la tienen toda”, resumió Juan Cruz, exasesor de seguridad del Hemisferio Occidental.
Sin embargo, el desgaste político ya es evidente: su aprobación cayó al 36%, según Gallup, en medio de presiones económicas y derrotas republicanas en varios estados. Su segundo mandato ha dividido a la nación y alterado el equilibrio geopolítico mundial, obligando a gobiernos y ciudadanos a repensar el futuro de la democracia y el poder en el siglo XXI.




