Bunia — Cada vez que Vanny Birungi, voluntaria de la Cruz Roja en el este del Congo, sale a concienciar sobre el brote de ébola, se enfrenta a una doble amenaza: el virus Bundibugyo, para el que no existe vacuna, y la desconfianza de los residentes de Bunia, que en ocasiones la han agredido verbalmente y apedreado.
“Seguimos diciéndoles que la enfermedad está ahí fuera. Algunos lo aceptan y otros no”, contó Birungi a The Associated Press mientras recorría barrios humildes bajo un fuerte sol. Como muchos trabajadores humanitarios, se enfrenta al peligro en una región marcada por la violencia de grupos armados que han desplazado a miles de personas.
La desconfianza generalizada, profundizada por años de conflicto y recortes en la cooperación internacional, ha entorpecido la respuesta humanitaria. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica a murciélagos frugívoros como los portadores naturales del virus, algunos residentes niegan incluso su existencia. “El ébola es un invento de los blancos”, dijo Pierre Basola, vecino de 56 años.
Los ataques se han multiplicado: un hospital fue asaltado, centros de tratamiento incendiados y más de una docena de pacientes huyeron. Según la OMS, el brote supera los 900 casos sospechosos y se registran más de 220 muertes. “Estamos poniéndonos al día con una epidemia que avanza muy deprisa”, reconoció el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
Las prácticas preventivas, que prohíben tocar los cuerpos de las víctimas, han incrementado el enojo entre los familiares. “Acudimos a los médicos, pero también mueren. No sabemos qué hacer y lo dejamos todo en manos de Dios”, lamentó Mado Nditamba, de 70 años.
Los expertos alertan que la confianza comunitaria es tan vital como la respuesta médica. “Si las comunidades no confían, no acudirán a los centros de salud”, afirmó Heather Kerr, directora del Comité Internacional de Rescate en el Congo. El conflicto armado y la inseguridad agravan la crisis: equipos de ayuda deben desplazarse entre pueblos bajo amenaza de ataques.
El virus se propaga por contacto con fluidos corporales y los trabajadores sanitarios están entre los más expuestos. En Rwampara murió un médico congoleño la semana pasada, mientras que en Uganda tres sanitarios resultaron infectados tras el ingreso de pacientes procedentes del Congo.
La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja reportó la muerte de tres voluntarios en Mongbwalu, posiblemente por contacto con cadáveres infectados. Este hallazgo podría retrasar la línea de tiempo del brote, cuya primera muerte confirmada data de finales de abril.
A pesar de 17 brotes previos de ébola en el país, los recursos son limitados. Los laboratorios escasean, algunas clínicas funcionan con generadores y el aeropuerto humanitario más importante de la zona continúa bajo control rebelde. “El único camino es comprometer a la comunidad”, dijo Yakubu Mohammed Saani, director nacional de Ayuda en Acción. Tanto la OMS como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África sospechan que el número real de casos supera lo reportado.




