De “Piculín” Ortiz a Pamela Rosado: dos gestas que marcaron la historia

Pamela Rosado lideró a Puerto Rico al Mundial y evocó la hazaña de “Piculín” Ortiz rumbo a Atenas 2004.
Carlos Arroyo estuvo el martes viendo la magistral actuación de la veterana armadora en el clasificatorio al Mundial y le hizo recordar la hazaña del legendario pívot en el Preolímpico de 2003

Con casi 40 años, Pamela Rosado protagonizó el martes un partido para la historia al guiar a Puerto Rico a la clasificación a la Copa del Mundo de FIBA, celebrada en el Coliseo José Miguel Agrelot. La capitana del quinteto boricua lideró el ataque con 18 puntos y cuatro asistencias para sellar una victoria 77-61 sobre Nueva Zelanda, asegurando el último boleto al certamen mundialista.

Su actuación recordó al legendario José “Piculín” Ortiz, quien también, rozando los 40 años, condujo a Puerto Rico a obtener su pase a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 tras una actuación magistral ante Canadá en el Preolímpico de 2003, jugado en el Coliseo Roberto Clemente. En aquella ocasión, Ortiz culminó con 21 puntos, 10 rebotes, 10 asistencias y siete bloqueos.

En ambos escenarios estuvo presente Carlos Arroyo. En 2003 fue compañero de Piculín, y ahora, más de dos décadas después, asistió como aficionado para apoyar al conjunto que lidera Rosado. “Le dije a Mundi (Báez) en la cancha: ‘Creo que Pamela va a tirar un juego como el de Picu contra Canadá’. Mientras la veía en acción, me vino a la mente”, relató el exarmador nacional.

Arroyo conoce bien de grandes gestas, pues un año después tuvo su propia noche histórica al comandar la victoriosa sorpresa de Puerto Rico sobre el “Dream Team” de Estados Unidos en Atenas 2004. Para él, Rosado merece reconocimiento: “Pamela se lo merece. Todas ellas también. Pero ella, como capitana, por el sentimiento que tiene por el Equipo Nacional, por la pasión con la que juega, demostró en ese partido que se lo merece”.

El exjugador enfatizó además la necesidad de mayor apoyo al baloncesto femenino: “Nos siguen demostrando que hay que darles más apoyo, mucho más cariño. Estoy bien contento por ella”.

Tanto Ortiz como Rosado coincidieron, curiosamente, en sus palabras de gratitud hacia el público tras sus hazañas. “Poder hacerlo en casa, ante nuestra gente, nuestros familiares… Gracias una vez más por quien cree, por el apoyo y por los que siempre están”, expresó Rosado. Ortiz, por su parte, recordó años después su propio cierre dorado: “Ese fue el broche de oro. Dios me dio la gracia que me lo dio en el último juego de mi carrera aquí, en el Clemente, con el Equipo Nacional, delante de mi público y ¿qué mejor que para una clasificación a una Olimpiada?”.

José “Piculín” Ortiz y Pamela Rosado, íconos de generaciones distintas, comparten una misma grandeza: el orgullo de portar la bandera de Puerto Rico y escribir capítulos inolvidables en la historia del baloncesto nacional.

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