Varios miembros designados por Donald Trump en la Comisión de Bellas Artes plantearon dudas sobre el tamaño y diseño del salón de baile que se construye en la Casa Blanca, aunque respaldaron en general la visión del presidente para una ampliación sustancial de la residencia oficial.
Durante una audiencia pública, el presidente de la Comisión, Rodney Mims Cook Jr., destacó que la obra es significativa tanto para el mandatario como para la nación. “No se puede tener a los Estados Unidos de América entreteniendo a la gente en tiendas de campaña”, señaló, en referencia a las quejas de administraciones pasadas por la falta de un espacio permanente para eventos de Estado.
El arquitecto Shalom Baranes, encargado del proyecto, presentó renders digitales y fue requerido a mostrar modelos tridimensionales en persona durante una próxima reunión. Explicó que la expansión propuesta elevaría el tamaño total del complejo a casi 90,000 metros cuadrados, de los cuales unos 22,000 se destinarían al nuevo salón de baile. Antes de la demolición del Ala Este, la Casa Blanca contaba con unos 55,000 metros cuadrados.
Pese a la insistencia de la administración Trump en continuar con el plan, la mayoría de los comentarios públicos sobre el proyecto fueron negativos. Thomas Luebke, director ejecutivo de la comisión, dijo que las críticas apuntan tanto al proceso como al diseño. Incluso un comentario favorable señaló que “la escala parece sobredimensionada, haciendo que domine la estructura principal”.
Baranes aseguró que la nueva estructura respetará la altura de la fachada principal y no alterará sustancialmente la vista desde Pennsylvania Avenue. La columnata este se reconstruirá con dos pisos para mantener la continuidad visual. Aun así, algunos comisionados advirtieron que el diseño podría modificar significativamente la vista desde el jardín sur, al incluir un pórtico de diez columnas que, según ellos, se asemeja más al edificio del Departamento del Tesoro que a la Casa Blanca.
“Es inmenso”, expresó Cook al arquitecto, quien respondió que se analizaron alternativas de menor escala, pero que el “deseo del presidente” es proceder con la versión actual.
El proyecto, aún bajo evaluación de la Comisión de Bellas Artes y la Comisión de Planificación de la Capital Nacional, también enfrenta un desafío legal. Conservacionistas históricos presentaron una demanda federal alegando que Trump violó normas al demoler el Ala Este y preparar el terreno sin consultar a los paneles pertinentes ni obtener la aprobación del Congreso.
Ambas partes tienen previsto comparecer ante el tribunal para discutir los próximos pasos del controvertido proyecto.




