Los conductores en Cuba se enfrentan a esperas de varias semanas o incluso meses para poder comprar gasolina, en medio de una crisis energética que se agrava por lo que el gobierno denuncia como un asedio petrolero de Estados Unidos.
Para contener el caos en las gasolineras, el gobierno impuso el uso de una aplicación llamada Ticket, que asigna citas para repostar. Sin embargo, muchos usuarios aseguran que la app les da turnos que tardarán meses. “Tengo la cita número siete mil y pico”, contó Jorge Reyes, de 65 años, al descargarse la aplicación, mientras otra conductora explicó que en su estación solo se otorgan 50 citas diarias.
A través de grupos de WhatsApp, los choferes comparten información sobre cuáles gasolineras tienen menos demanda o más capacidad, aunque algunos descubren que hay más de 10,000 citas antes que la suya. La app, gestionada por la empresa estatal XETID, ya acumula más de 90,000 solicitudes, de acuerdo con su director comercial, Saumel Tejada.
El gobierno suspendió además la venta de gasolina en moneda local, eliminando el precio subsidiado de unos 25 centavos por litro. Ahora solo se vende combustible en dólares, a 1.30 dólares el litro en estaciones oficiales, y hasta seis dólares en el mercado negro. Los trabajadores estatales, cuyo ingreso mensual equivale a menos de 20 dólares, apenas pueden costear esos precios.
A los automovilistas se les permite comprar únicamente 20 litros —unos 5.2 galones— por visita. “Esto no me va a durar mucho”, dijo Ariel Alonso, empresario habanero que intenta guardar unos litros de reserva para emergencias familiares.
Los vehículos del sector turístico están exentos de usar la app, pero también enfrentan largas filas en las 44 estaciones habilitadas especialmente para ellos y solo pueden adquirir el mismo límite de 20 litros.
La escasez de combustible y los apagones se han intensificado mientras Cuba lucha por importar petróleo. A finales de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con imponer aranceles a los países que suministren crudo a la isla, como parte de la presión sobre el gobierno comunista para realizar reformas.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, respondió que está dispuesto a negociar con Washington “de igual a igual” y sin ceder soberanía, afirmando que su país sufre un “bloqueo energético”. La crisis se agravó cuando Venezuela interrumpió sus envíos de petróleo tras la captura de Nicolás Maduro por autoridades estadounidenses, y México también detuvo sus embarques tras las amenazas de Trump.
Las medidas de ahorro se extendieron a toda la isla: los bancos redujeron su horario, el gobierno dejó de abastecer de combustible a aviones extranjeros y tres aerolíneas canadienses suspendieron vuelos a Cuba. También se aplazaron eventos como la Feria del Libro y la feria anual del tabaco.
Mientras tanto, un grupo de expertos en derechos humanos de las Naciones Unidas condenó las sanciones energéticas de Estados Unidos, calificándolas de “acto unilateral incompatible con el derecho internacional”.




