Ciudadanos y periodistas se sumergen en los archivos de Jeffrey Epstein

Cientos de personas analizan millones de documentos del caso Epstein en busca de pistas y conexiones.
Conoce cómo aficionados se adentran y apoyan la compleja investigación

Cuando Ellie Leonard, madre de cuatro hijos en Nueva Jersey, se agota revisando los interminables documentos del caso Epstein, da un paseo antes de volver al ordenador. Es una de las cientos de personas que, sin ser periodistas tradicionales, investigan los archivos del fallecido Jeffrey Epstein para descubrir nuevas historias sobre su red de abusos y sus vínculos con figuras poderosas. Publica sus hallazgos en su boletín de Substack, The Panicked Writer. “Me gusta un buen rompecabezas”, confiesa.

El 30 de enero, el Departamento de Justicia hizo públicos más de tres millones de páginas y miles de imágenes vinculadas al caso. Medios como The Associated Press, CBS, NBC, MSNBC y CNBC se movilizaron de inmediato para analizarlas. Decenas de periodistas de The New York Times también colaboran, apoyados por inteligencia artificial, aunque apenas han revisado una fracción del material.

Mientras tanto, ciudadanos como Leonard se han convertido en parte esencial del esfuerzo global por entender el alcance de la red de Epstein. Su curiosidad la llevó a encontrar documentos que involucran al abogado Alan Dershowitz y a Virginia Giuffre, y a publicaciones sobre el diario de una víctima o correos de Epstein con Sarah Ferguson. “Busco los detalles que otros no ven”, dice. “No quiero que algo así vuelva a pasar”.

Wajahat Ali, periodista y autor del Substack Left Hook, elogia su trabajo y la invita a hablar en transmisiones en vivo. Para él, los archivos Epstein se han convertido en el “Ciudadano Kane de los crímenes reales”, un material tan perturbador como inagotable.

Otras personas también participan. Kassandra Mable Costa, de Carolina del Norte, y Anne P. Mitchell, exprofesora de Derecho en Colorado, usan sus habilidades para analizar documentos o conectar a otros voluntarios. Mitchell publica en “Notes From the Front”, donde comparte archivos, grupos de discusión y hasta materiales exclusivos para sus suscriptores. “Cuanta más gente participe, más se sabrá”, dice, aunque advierte sobre el impacto mental de sumergirse en temas tan oscuros.

El interés de estos investigadores no profesionales ha generado tanto entusiasmo como preocupación. Matthew LaPlante, profesor de periodismo en la Universidad del Estado de Utah, señala que la participación ciudadana puede enriquecer la información pública, pero advierte que muchos carecen de la formación necesaria para verificar datos o entender las consecuencias legales de difundir rumores. The New York Times, por ejemplo, recalca que no publica material anónimo sin verificación propia.

El riesgo de amplificar acusaciones no probadas es alto. Algunos contenidos en línea, como videos sin contexto, alimentan teorías infundadas. El periodista Ali recuerda que con lo que ya está documentado hay suficiente para investigar sin caer en conspiraciones, por respeto a las víctimas y la verdad.

Para Mitchell y otros, el trabajo apenas comienza. “Podrían pasar 15 o 20 años antes de conocer toda la historia”, afirma. Mientras tanto, el proyecto sigue atrayendo tanto a profesionales de medios como a ciudadanos decididos a desenredar los secretos del caso Epstein.

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