Milán — Los turistas que llegaron a Milán durante los Juegos Olímpicos de Invierno con la intención de ver “La última cena” de Leonardo da Vinci se encontraron con el acceso cerrado durante tres días y medio.
La obra, creada entre 1494 y 1498, se encuentra en el refectorio de Santa Maria delle Grazie, una iglesia y convento dominico aún en uso. Es uno de los principales atractivos artísticos y religiosos de la ciudad.
Visitantes quedaron atrapados tras un cordón policial en la calle que conduce al recinto. Antonio Rodríguez, quien viajó desde España con amigos por un fin de semana, lamentó no poder ver ni la obra ni la iglesia. “No sabíamos que nos enfrentaríamos a esto. Habríamos ido a otro lugar de la ciudad”, dijo.
Un cartel en Il Cenacolo Vinciano informaba que el acceso estaría cerrado todo el 5, 6 y 7 de febrero, y la mañana del 8, sin ofrecer explicaciones. Empleados del lugar dijeron a The Associated Press que no estaban autorizados a brindar información.
Sin embargo, el sábado varias personalidades estuvieron exentas de las restricciones. Entre ellas se encontraba el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y su familia, según un comunicado oficial. La visita ocurrió tras su reunión con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y su asistencia a la ceremonia inaugural de los Juegos.
Angelo Crespi, director de Grande Brera, indicó que delegaciones de países como China, Polonia, Hungría y Bulgaria también visitaron “La última cena” y la Pinacoteca de Brera. “Interpretamos nuestro papel con responsabilidad, no solo en términos de turismo, sino también de relaciones internacionales”, afirmó.
El cierre provocó desvíos de tráfico y afectó el transporte público en la zona. Residentes denunciaron cambios en las rutas de tranvía sin previo aviso.
“La última cena” se conserva bajo estrictas condiciones debido a su fragilidad, resultado de la técnica en seco utilizada por Leonardo. Las visitas regulares duran 15 minutos para grupos de hasta 40 personas, con controles rigurosos de temperatura y humedad. A lo largo de los siglos, el mural ha sufrido daños por el uso del refectorio como establo en el siglo XVIII y por bombardeos en 1943.
Mientras tanto, turistas solo pudieron observar desde la distancia. “Por desgracia, el vicepresidente de Estados Unidos vino a ver ‘La última cena’ y no pudimos entrar”, lamentó Luisa Castro, filipina residente en Milán desde hace 20 años.




