Justo antes de que un avión de Air Canada chocara con un camión de bomberos en el aeropuerto LaGuardia de Nueva York, los controladores aéreos gestionaban una emergencia nocturna en la pista. Un vuelo de United Airlines había abortado dos despegues tras detectar un olor en la parte trasera del avión. Sin puertas de embarque disponibles, los controladores y la tripulación intercambiaban mensajes urgentes por radio mientras intentaban encontrar un lugar seguro para el aparato.
Ante la falta de espacio, los controladores enviaron camiones de bomberos y escaleras para evacuar a los pasajeros, pero mientras coordinaban la operación llegó un aviso por radio: “Pare, pare, pare, Camión 1”. Segundos después, el vuelo de Air Canada procedente de Montreal colisionó con uno de los vehículos, causando la muerte del piloto y el copiloto, y dejando decenas de heridos entre los pasajeros, la tripulación y los bomberos.
El accidente, ocurrido el domingo por la noche, volvió a exponer la presión que afrontan los controladores aéreos en Estados Unidos, marcados por la escasez de personal, los turnos extensos y equipos anticuados. “En el mejor de los casos, los controladores trabajan bajo gran estrés”, explicó Alan Diehl, exinvestigador federal de accidentes. “Son profesionales altamente capacitados, pero ahora faltan 3,000 en el país”.
La Administración Federal de Aviación (FAA) reconoce una falta crónica de personal, por lo que muchos empleados trabajan horas extras y hasta seis días a la semana. En un comunicado, la Asociación Nacional de Controladores de Tráfico Aéreo destacó la carga emocional del trabajo: “Servimos en silencio, pero momentos como este nos recuerdan la gran responsabilidad que llevamos”.
Veinte minutos después del accidente, un controlador pareció culparse: “Estábamos tratando una emergencia y metí la pata”, dijo por radio. El secretario de Transporte, Sean Duffy, indicó que la torre de LaGuardia cuenta con 33 controladores y siete en entrenamiento, apenas por debajo del objetivo de 37. Duffy, quien fue confirmado por el presidente Donald Trump, prometió aumentar la plantilla y modernizar los equipos de control.
El exjefe de control aéreo de la FAA, Mike McCormick, señaló que el accidente se produjo durante un turno nocturno, que suele tener menos personal. Los investigadores de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte analizarán factores humanos, la fatiga y las horas de trabajo.
Las tensiones en la fuerza laboral se acumulan desde hace años, especialmente tras los cierres del gobierno que dejaron a los controladores trabajando sin paga. Aunque el Congreso ha invertido miles de millones de dólares en modernización, los avances han sido lentos. Chris Sununu, director ejecutivo de Airlines for America, reconoció que “el sistema ha estado bajo presión durante tres décadas” y destacó los progresos tecnológicos recientes, como la digitalización de las herramientas de control y la instalación de nuevos radares.
“Los controladores aéreos hacen un trabajo sobresaliente con un sistema envejecido que, poco a poco, estamos mejorando”, afirmó Sununu.




