WASHINGTON – Bill y Hillary Clinton se preparan para testificar ante la Cámara de Representantes esta semana en el marco de la investigación sobre Jeffrey Epstein, tras un acuerdo con legisladores republicanos que amenazaban con declararlos en desacato. Para la pareja política más célebre de los 90, se trata de otro capítulo en una larga historia de controversias, poder y resistencia.
A lo largo de su carrera, los Clinton han sobrevivido a múltiples escándalos, desde los rumores de infidelidades en la campaña de 1992 hasta el juicio político a Bill en 1998 y las investigaciones a Hillary por su gestión como secretaria de Estado. En esta ocasión, vuelven al centro del debate público mientras el Congreso busca esclarecer los vínculos del expresidente con Epstein, delincuente sexual convicto que se suicidó en prisión en 2019.
No hay pruebas de irregularidades por parte de los Clinton, aunque los registros muestran que Epstein visitó la Casa Blanca varias veces en la década de 1990 y que Bill Clinton voló en su avión privado en años posteriores. En sus memorias de 2024, el exmandatario escribió: “Ojalá nunca lo hubiera conocido”.
El Comité de Supervisión, presidido por el republicano James Comer, presiona para escuchar el testimonio de ambos y ha advertido que podría declararlos en desacato si no comparecen, un hecho sin precedentes en la historia estadounidense. Hillary Clinton, de 78 años, ha solicitado que la sesión sea pública, afirmando a la BBC: “Nosotros no tenemos nada que ocultar”.
En tanto, Bill Clinton ha adoptado una postura más agresiva, recordando la estrategia de “sala de guerra” de su primera campaña presidencial. Su equipo emitió comunicados acusando a Comer de mentir y ridiculizó a congresistas republicanos por lo que calificó de “hipocresía”. Además, los Clinton divulgaron una carta abierta en la que denunciaron que el proceso está “diseñado para resultar en nuestro encarcelamiento”.
El enfrentamiento revive viejas tensiones entre los Clinton y los sectores conservadores, que desde los años noventa han buscado minar su credibilidad. Aunque figuras como Donald Trump y Asa Hutchinson han expresado cierta empatía con la pareja, la presión política sigue creciendo. Nueve demócratas incluso se unieron a los republicanos en la votación del comité para avanzar la moción de desacato.
Entre ataques mediáticos y maniobras políticas, los Clinton parecen dispuestos a convertir la que podría ser su última gran batalla pública en una demostración más de su capacidad para resistir la adversidad y mantener su influencia en Washington.




