Ataques a plantas desalinizadoras aumentan la tensión en Oriente Medio

Los recientes bombardeos contra infraestructuras hídricas en el Golfo Pérsico generan alarma por su posible impacto regional.
Son clave para el abastecimiento de agua potable en la región más árida del planeta

París – Los ataques contra plantas desalinizadoras, esenciales para el suministro de agua potable en Oriente Medio, han abierto un nuevo frente de preocupación internacional. Unas instalaciones en Bahrein resultaron dañadas tras un ataque con drones iraníes, un día después de que Teherán denunciara una agresión similar contra una planta en su isla de Qeshm, que afectó el abastecimiento de agua en unas 30 localidades.

Estos hechos despertaron temores de que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán escale hacia ataques más amplios contra infraestructuras hídricas cruciales en el Golfo Pérsico. Expertos alertan que tales acciones podrían desencadenar una crisis humanitaria de gran magnitud. “El primero que se atreva a atacar el agua desencadenará una guerra mucho más devastadora que la actual”, advirtió la economista Esther Crauser-Delbourg, especialista en recursos hídricos.

En una de las zonas más áridas del mundo, donde el acceso al agua es diez veces menor al promedio global, la desalinización es la base de la vida urbana y económica. Oriente Medio concentra el 42% de la capacidad mundial de desalinización, según un estudio reciente de la revista Nature. En Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Omán y Kuwait, entre 40% y 90% del agua que se consume proviene del mar, de acuerdo con el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri).

La dependencia de estas plantas es tan crítica que un cable diplomático filtrado por Wikileaks en 2008 advertía que Riad tendría que ser evacuada en una semana si la planta de Jubail quedaba destruida. La CIA ya había alertado en 2010 sobre el impacto catastrófico que tendría la interrupción de estas instalaciones en países árabes.

Además de ataques militares, estas infraestructuras son vulnerables a apagones, contaminación marina y derrames de petróleo. “Se ha reforzado la seguridad en los accesos y se mantienen controles estrictos”, explicó Philippe Bourdeaux, director para África y Oriente Medio de la empresa francesa Veolia, que opera plantas en Arabia Saudita y Omán. En algunos lugares, las autoridades han instalado baterías antimisiles para proteger estas infraestructuras clave.

Yemen, Arabia Saudita y Gaza ya han sufrido daños en plantas desalinizadoras durante conflictos pasados, según datos del Pacific Institute. Los expertos coinciden en que un ataque sostenido podría provocar desde interrupciones temporales del servicio hasta una crisis urbana masiva, con evacuaciones y racionamientos en grandes ciudades como Dubái o Riad.

No obstante, existen mecanismos de contingencia: las redes suelen estar interconectadas y cuentan con reservas para entre dos y siete días de consumo, lo que permite mitigar crisis inmediatas.

En el caso de Irán, el riesgo es aún mayor por una crisis hídrica estructural. La sequía prolongada, la sobreexplotación agrícola y décadas de mala gestión han dejado al país al borde del llamado “día cero del agua”. Según un estudio publicado en 2024, 32 de los 50 acuíferos más sobreexplotados del mundo están en territorio iraní. Las represas que abastecen a Teherán operan con niveles mínimos, y las precipitaciones han caído hasta 45% por debajo de lo normal.

Los especialistas advierten que la combinación de escasez de agua y los efectos de la guerra podría agravar la inseguridad alimentaria y provocar desplazamientos masivos en la región. En un escenario donde el agua se vuelve arma y objetivo, la estabilidad regional enfrenta una amenaza sin precedentes.

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