El afgano Rahmanullah Lakanwal, acusado de disparar contra dos miembros de la Guardia Nacional cerca de la Casa Blanca, había mostrado un comportamiento errático durante años. Según correos electrónicos obtenidos por The Associated Press, organizaciones comunitarias habían alertado sobre su deterioro mental mucho antes del ataque ocurrido la víspera del Día de Acción de Gracias.
Lakanwal, de 29 años, fue descrito por personas que trabajaban con familias afganas en Washington como inestable y aislado. En 2023, dejó su trabajo y comenzó a alternar entre periodos prolongados sin comunicación con su familia y viajes súbitos por el país. Un miembro de la comunidad envió correos electrónicos al Comité de Refugiados e Inmigrantes de Estados Unidos (USCRI) pidiendo ayuda y temiendo que Lakanwal pudiera estar en riesgo de suicidio.
El ataque del miércoles dejó muerta a la especialista de la Guardia Nacional de Virginia Occidental, Sarah Beckstrom, de 20 años, y gravemente herido al sargento primero Andrew Wolfe, de 24 años. Lakanwal enfrenta cargos de homicidio en primer grado.
De acuerdo con los reportes, Lakanwal había servido en una unidad especial del Ejército afgano respaldada por la CIA, conocida como una de las Unidades Cero, y fue evacuado a Estados Unidos en 2021 como parte de la Operación Bienvenidos Aliados, que reasentó a afganos tras la retirada militar estadounidense.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, declaró en el programa “Meet the Press” que las autoridades creen que Lakanwal fue radicalizado después de llegar a Estados Unidos, aunque no ofreció detalles que sustentaran esa aseveración.
Residente en Bellingham, Washington, junto a su esposa y cinco hijos menores de 12 años, Lakanwal tuvo serias dificultades para adaptarse. Correos filtrados describen cómo permanecía encerrado en su habitación sin hablar, mientras su familia enfrentaba carencias e incluso un posible desalojo. En algunos periodos parecía recuperarse, pero pronto caía en episodios “maníacos” que lo llevaban a conducir por días enteros hacia distintas ciudades, incluidos Chicago y Arizona.
La fiscal federal del Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, informó que el sospechoso manejó desde Bellingham —ubicada unas 80 millas al norte de Seattle— hasta Washington D. C. antes del tiroteo. Pese a los intentos del USCRI por contactarlo tras las alertas comunitarias, nunca se logró concretar una intervención efectiva. La organización no ha emitido comentarios sobre el caso.
La historia de Lakanwal refleja las dificultades y vacíos en el seguimiento a refugiados con traumas de guerra, un problema que, según expertos, requiere mayor atención por parte de las autoridades estadounidenses.




