En medio del estigma que aún limita el acceso a servicios de salud mental en Puerto Rico, el Hospital San Juan Capestrano reportó que el 26% de las féminas admitidas en 2025 fueron adolescentes de 13 a 19 años, el grupo más numeroso entre todas las edades. Las jóvenes presentaron principalmente depresión y problemas de autoestima, lo que llevó a expertos a reclamar mayor apoyo estatal para atender esta población.
Durante el Mes de la Mujer, la institución divulgó que 3,058 de las 6,676 admisiones totales de 2025 correspondieron a mujeres (46%). Entre ellas, 784 fueron adolescentes, seguidas por 484 mujeres entre 20 y 29 años. En conjunto, el 42% de las hospitalizadas tenía menos de 30 años. Otro 41% pertenecía a los grupos de 30 a 59 años y el resto a mayores de 60.
La trabajadora social clínica Dayana Velázquez subrayó la necesidad de abordar la salud mental femenina por el rol que muchas mujeres asumen como jefas de familia. “Muchas trabajamos, somos madres solteras, tenemos trabajos estresantes y además cuidamos familiares. Es importante reconocer que buscar ayuda no está mal”, señaló.
Marta Rivera Plaza, principal oficial ejecutiva del Sistema Hospital San Juan Capestrano, explicó que las tasas generales de hospitalización femenina se mantienen estables, aunque han observado más ingresos de adolescentes, muchas referidas por escuelas, tras enfrentar depresión, ideación suicida y experiencias traumáticas. El doctor William Lugo, director médico del hospital, destacó que la exposición a redes sociales y las “expectativas irreales” que generan agravan los problemas emocionales.
Entre las pacientes adultas, Rivera Plaza advirtió un aumento en el uso de sustancias y en casos de depresión mayor, que representan el 48% de las hospitalizaciones femeninas. Entre los factores comunes figuran carga laboral, responsabilidades familiares, estrés crónico, divorcio, menopausia y duelo. En mujeres mayores, predominan el aislamiento, la soledad y condiciones médicas coexistentes.
La doctora Alejandra Méndez identificó el factor económico como un detonante principal. “El costo de vida sigue subiendo mientras los ingresos no aumentan, lo que genera un estrés constante”, indicó. A diferencia de los hombres, que ingresan más por crisis conductuales, las mujeres suelen buscar atención por crisis emocionales profundas.
Rivera Plaza opinó que los datos reflejan la realidad del país y sostuvo que la educación puede ser una herramienta clave para promover la salud mental desde edades tempranas. Lugo añadió que la falta de profesionales que acepten planes médicos representa otra barrera para el acceso oportuno a tratamiento.
Velázquez concluyó que el gobierno debe revisar su política pública en torno a los servicios comunitarios de salud mental y revaluar las iniciativas dirigidas a mujeres, considerando los cambios sociales y emocionales tras la pandemia de COVID-19.




