Beijing — La política del hijo único en China, uno de los programas de control de población más severos del mundo, obligó a millones de mujeres a abortar, promovió esterilizaciones masivas y, en muchos casos, llevó a familias a vender o incluso asesinar a hijas recién nacidas, al preferir tener un hijo varón.
Ahora, varios expertos se preguntan si la medida fue realmente necesaria. China registró el año pasado su tasa de natalidad más baja en la historia y su población lleva cuatro años consecutivos disminuyendo, según cifras oficiales. Alarmadas por el envejecimiento poblacional y la reducción de la fuerza laboral, las autoridades eliminaron la política en 2015.
“Es difícil escapar al hecho de que China demográficamente se disparó en el pie”, afirmó Mei Fong, autora del libro de 2016 “One Child: La historia del experimento más radical de China”.
En 1980, el gobierno veía el crecimiento descontrolado de su población —entonces de unos 1,000 millones de habitantes— como una amenaza para el progreso económico y la seguridad alimentaria. Como muchos países en desarrollo de la época, China temía que la expansión demográfica sobrepasara sus recursos.
Ya en la década de 1970, las autoridades habían empezado a promover tener menos hijos, y la natalidad disminuyó gradualmente. Sin embargo, no está claro qué parte de esa caída se debió a la política del hijo único y cuál al cambio social y económico que transformó al país durante las últimas cuatro décadas.
Con el tiempo, el gobierno impuso severas multas a quienes desobedecieran y forzó abortos y esterilizaciones. La política duró 35 años. Según el científico Yi Fuxian, de la Universidad de Wisconsin-Madison, el número de esterilizaciones cayó drásticamente de 1.4 millones de mujeres y 180,000 hombres en 2014 a 190,000 mujeres y 2,600 hombres en 2020.
En 2016 se permitió tener dos hijos por pareja y el límite subió a tres en 2021. Sin embargo, revertir la mentalidad social ha sido más difícil que cambiar la ley.
La política también provocó un fuerte desequilibrio de género. Muchos padres preferían tener hijos varones, lo que alteró la proporción entre hombres y mujeres. Las generaciones nacidas bajo la norma fueron llamadas “pequeños emperadores” por recibir toda la atención familiar. Hoy, muchos enfrentan la presión de cuidar a sus padres y abuelos sin hermanos que los ayuden. “Al llegar a los 30 o 40 años, solo hay un hijo para mantener a dos padres y, en algunos casos, hasta cuatro abuelos”, señaló Fong. “El pequeño emperador en algún momento se convierte en esclavo”.
China encara ahora el reto de sostener su economía con una población envejecida y un número decreciente de trabajadores, un problema que podría comprometer los sistemas de pensiones y las finanzas públicas en las próximas décadas.




