Miles de fanáticos en el Estadio Hiram Bithorn se ponen de pie para aplaudir. No es por un jonrón ni una gran jugada, sino por Salvatore, un pastor alemán de cuatro años que se ha convertido en la sensación de los Cangrejeros de Santurce. Con su pelaje negro brillante y energía contagiosa, el perro se roba el espectáculo cada vez que pisa el terreno.
Durante la temporada 2025-26 de la Liga de Béisbol Profesional Roberto Clemente (LBPRC), Salvatore hizo historia al convertirse en el primer canino autorizado como “bat dog” en la liga invernal de Puerto Rico. En tres o cuatro entradas de cada juego, sale del “dugout” a recoger los bates que dejan los jugadores tras su turno al bate, para deleite de los asistentes.
“Ha sido sorpresiva y gratificante”, expresó Viviana Rivera Marrero, su dueña, entrenadora y fundadora de la marca Toy Doggie. “Esto es algo nuevo en Puerto Rico. No sabíamos si podría manejar las cornetas, la gente gritando y el estadio lleno, pero lo hace todo feliz y con entusiasmo”.
Oriundo de Louisiana, Salvatore también entretiene al público entre entradas atrapando frisbees y saludando a los fanáticos. “Interactúa mucho con el público, algo poco visto en perros de trabajo. Queríamos que se sintiera parte del equipo, y lo hemos logrado”, añadió Rivera Marrero.
El perro cuenta con su propio bate para evitar dañar los de los peloteros. “Es el instrumento de trabajo del pelotero, y somos bien respetuosos con eso”, explicó su entrenadora.
Entre los jugadores, uno de sus mayores admiradores es el lanzador zurdo Eduardo Rivera. “Para mí es el que me baja los malos humores, el que me da tranquilidad. Es el bebé de Santurce, pero más mío”, confesó el jugador, dueño de seis pitbulls.
La fama de Salvatore traspasará el Bithorn: el pastor alemán firmó contrato con los Bravos de Cidra, del Béisbol Superior Doble A, equipo propiedad del estelar de los Tigers de Detroit, Javier Báez. “Esto que comenzó como algo simbólico se ha convertido en un movimiento. Ha sido bonito ver cómo su trabajo continúa creciendo y llegando a nuevas audiencias”, señaló Rivera Marrero.
Con su simpatía y disciplina, Salvatore no solo recoge bates, sino también aplausos y sonrisas, consolidándose como el nuevo símbolo de alegría en el diamante boricua.




