Dubái, Emiratos Árabes Unidos — Poco después de las 8:00 p.m. del jueves, la teocracia iraní desconectó a los 85 millones de habitantes de la República Islámica del resto del mundo. El país cortó tanto las conexiones de internet como las líneas telefónicas, dejando incomunicada a su extensa diáspora en Estados Unidos, Europa y otras regiones.
La medida, parte de una estrategia utilizada en crisis anteriores, reduce drásticamente la posibilidad de que se compartan imágenes y testimonios de las protestas nacionales contra la deteriorada economía. El corte también podría facilitar una represión violenta, luego de que la administración Trump advirtiera al gobierno iraní sobre las consecuencias de más muertes entre manifestantes.
Mientras el país se sumerge en el silencio digital, familias en el extranjero buscan noticias con angustia. El fiscal general iraní advirtió recientemente que cualquiera que participe en las manifestaciones será tratado como “enemigo de Dios”, un delito castigado con la pena de muerte.
“Mis hermanos y primos están en las calles. No pueden imaginar la ansiedad de la diáspora iraní”, expresó Azam Jangravi, experta en ciberseguridad radicada en Toronto. “Mucha gente está siendo asesinada y herida, y no sabemos quién”.
Es la tercera vez que Irán interrumpe el internet. En 2019, tras protestas por el aumento de los combustibles, murieron más de 300 personas; en 2022, durante las manifestaciones por la muerte de Mahsa Amini, fallecieron más de 500. Ahora, aunque miles de receptores Starlink permiten aún cierta comunicación, el gobierno estaría interfiriendo sus señales GPS para limitar su funcionamiento.
Según el activista Mehdi Yahyanejad, muchos de estos dispositivos pertenecen a empresarios o ciudadanos que dependen de la red para subsistir. Sin embargo, ahora se usan también para difundir videos e información sobre las recientes protestas. “Starlink se ha convertido en la clave para sacar estos materiales”, señaló.
Amir Rashidi, director del Grupo Miaan, afirmó que la interferencia podría ser más profunda, con pérdidas de hasta 80% en la transmisión de datos. También advirtió que el régimen podría estar aplicando bloqueadores similares a los usados décadas atrás para perturbar señales satelitales.
La Unión Internacional de Telecomunicaciones ha pedido previamente a Irán que cese la interferencia, pero Teherán ha insistido en su postura de impedir el uso de Starlink. Activistas temen que este apagón digital sirva para ocultar una represión más amplia. “Si detienen a una persona usando Starlink, pueden acusarla de trabajar para Israel o Estados Unidos”, dijo Jangravi. “La ayuda tiene que llegar pronto”.
La mayoría de la información que aún logra salir del país proviene de usuarios que arriesgan su vida para mantener al mundo informado sobre lo que ocurre dentro de Irán.




