La historia olvidada de la única colonia de leprosos en Puerto Rico

A finales del siglo XIX, Puerto Rico estableció un lazareto para aislar a los pacientes de lepra en Isla de Cabras.
Primero en la Isla de Cabras y luego en una finca de Trujillo Alto, los pacientes de la contagiosa enfermedad fueron de gran preocupación para las autoridades estadounidenses

La enfermedad de Hansen, conocida comúnmente como lepra, ya no representa una amenaza de salud pública, aunque no ha sido erradicada por completo. Sin embargo, tras la invasión estadounidense de Puerto Rico en 1898, la enfermedad todavía causaba gran alarma. Durante el gobierno español los pacientes vivían en las calles o eran aislados en el Asilo de Leprosos de Puerta de Tierra, donde se aplicaban métodos rudimentarios de segregación.

El gobierno militar estadounidense decidió enfrentar el problema con mayor rigor. En febrero de 1899, el general Guy Vernor Henry, entonces gobernador, formó una comisión para contabilizar los casos y evaluar las condiciones sanitarias del asilo. De acuerdo con el doctor César Augusto Salcedo Chirinos, de la Universidad de Cambridge, la investigación concluyó con el aislamiento de trece pacientes —la base del nuevo lazareto— siguiendo el modelo hawaiano de total separación, más enfocado en proteger a la población que en tratar a los enfermos.

Tras varios intentos fallidos de reubicación, el 27 de noviembre de 1900 los primeros leprosos fueron trasladados a Isla de Cabras. Las dificultades de transporte y el temor al contagio complicaron su operación. La vida en el lugar era precaria y desordenada. El doctor Manuel Fernández Náter dirigía el centro, y su padre, Manuel Fernández Juncos, propuso establecer una biblioteca para aliviar el ocio de los pacientes, aunque muchos no sabían leer.

En 1903 un escándalo estalló cuando se descubrió que un practicante criaba animales para venderlos en San Juan, lo que provocó despidos y la eliminación del ganado del islote.

Ante las malas condiciones, en 1923 se adquirieron terrenos en Trujillo Alto para construir una nueva colonia. El arquitecto Rafael Carmoega diseñó el complejo, inaugurado en 1926, con fincas agrícolas y mejores instalaciones. En los años 30 se añadieron dos capillas, una católica y otra protestante; hoy solo subsiste la del Divino Niño Jesús.

Los avances médicos llevaron a derogar en 1960 la Ley 76 que regía la Junta del Asilo de Leprosos. Con la disminución de casos, el leprocomio fue transformándose. En 1966, la Universidad de Puerto Rico estableció allí el Centro Dermatológico de Trujillo Alto y luego, en parte del predio, el Hogar Insular de Niñas y una instalación de ASSMCA. Los últimos pacientes fueron trasladados al Centro Médico entre 1976 y 1977.

Las ruinas del antiguo lazareto de Isla de Cabras y del leprocomio de Trujillo Alto permanecen hoy como testigos silenciosos de una época marcada por el miedo y la exclusión. Gracias a los esfuerzos de los Amigos de la Capilla del Divino Niño, parte del legado histórico se preserva frente al paso del tiempo y la naturaleza.

Compartir:

Facebook
WhatsApp
Threads
X
Ultimas Noticias
Categorías

Suscríbete a nuestro boletín informativo

Mantente informado con las noticias más relevantes de Puerto Rico y recibe nuestras actualizaciones directamente en tu correo.