Dubái, Emiratos Árabes Unidos — Irán enfrenta una nueva ola de protestas contra su teocracia, pero la atención del país se centra en otro punto del mapa: Venezuela. La captura del presidente Nicolás Maduro, un estrecho aliado de Teherán, por parte del ejército estadounidense, ha generado alarma entre funcionarios y ciudadanos iraníes.
Los medios estatales condenaron la operación, mientras aumenta el temor a que una acción similar pudiera dirigirse contra altos líderes iraníes, incluido el ayatolá Ali Jamenei, de 86 años. “Que Dios bendiga a nuestro líder, nosotros también debemos tener cuidado”, dijo Saeed Seyyedi, profesor de Teherán.
El ambiente de paranoia ha crecido tras los recientes ataques de Israel y Estados Unidos durante la guerra de 12 días en junio, en la que murieron varios altos cargos iraníes y se bombardearon instalaciones nucleares. Se cree que Jamenei se ha mantenido oculto por seguridad.
Estados Unidos acusa desde hace años a Hezbolá, respaldado por Irán, de financiarse mediante el narcotráfico, incluso en Latinoamérica, algo que el grupo niega. Tras la captura de Maduro, la televisión estatal iraní difundió teorías no comprobadas sobre presuntos planes de EE. UU. e Israel para secuestrar a funcionarios iraníes.
El ayatolá Mohammad Ali Javedan alertó a los fieles en la Universidad de Teherán de que la vida del líder supremo podría estar en riesgo. “Alguien ha dicho que soñó que su vida corría peligro. Por favor, recen”, pidió.
Analistas destacan que Irán tiene una capacidad militar muy superior a la de Venezuela y un aparato de seguridad que responde únicamente a Jamenei. Farzin Nadimi, del Washington Institute for Near East Policy, advirtió que el país podría responder con asesinatos, ciberataques o ataques marítimos. Además, Irán aún posee material nuclear utilizable.
La tensión también se refleja en las redes. El líder opositor israelí Yair Lapid advirtió que “el régimen iraní debería prestar atención a lo que ocurre en Venezuela”. Por su parte, el primer ministro Benjamin Netanyahu comentó que Irán podría estar ante el momento en que su pueblo “tome su destino en sus manos”.
Horas antes del operativo en Caracas, el presidente estadounidense Donald Trump había amenazado con intervenir si Teherán reprimía a los manifestantes. El portavoz iraní Esmail Baghaei calificó esas palabras como “una incitación a la violencia, el terrorismo y el asesinato”.
En Estados Unidos, la representante Marjorie Taylor Greene relacionó directamente la acción en Venezuela con Irán. “Este es un movimiento para asegurar los suministros de petróleo de cara a la próxima guerra de cambio de régimen en Irán”, escribió.
El senador Lindsey Graham fue más explícito al aparecer en televisión con una gorra que decía “Make Iran Great Again”, símbolo del apoyo a Donald Trump, mientras pedía que “2026 sea el año en que volvamos a hacer grande a Irán”.
Incluso Arabia Saudí, que mantiene una frágil distensión con Teherán, vio en la acción un mensaje claro. “Arrastrar a Maduro ante un tribunal estadounidense fue un mensaje más brutal que las bombas lanzadas sobre Irán”, escribió Ghassan Charbel, editor de Asharq Al-Awsat.
Mientras tanto, en Teherán, las manifestaciones continúan y la incertidumbre crece ante lo que muchos temen pueda ser el preludio de una nueva confrontación en el Medio Oriente.




