Caracas, Venezuela — Venezuela amaneció el domingo en una calma tensa, apenas un día después de que el presidente Nicolás Maduro fuera depuesto y capturado en una operación militar llevada a cabo por Estados Unidos.
En la capital, Caracas, las calles lucían desiertas y el tráfico era mínimo. La mayoría de las tiendas, gasolineras y comercios permanecían cerrados, en contraste con el frenesí del día anterior, cuando miles de ciudadanos se apresuraron a abastecerse ante el temor de disturbios. Los accesos al palacio presidencial seguían resguardados por civiles armados y efectivos militares, mientras el ambiente general era de incertidumbre y expectación.
En La Guira, las familias que resultaron afectadas por las explosiones de la operación militar aún limpiaban escombros de sus viviendas. Algunos edificios presentaban daños severos, con estructuras parcialmente destruidas y muros abiertos por el impacto de las detonaciones.
La detención de Maduro generó un remezón político en el país. El presidente Donald Trump aseguró que Estados Unidos “dirigiría” la transición en Venezuela con la colaboración de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, aunque hasta ahora no se han dado detalles sobre cómo se implementará esa medida. En las calles, nadie parecía tener claro qué ocurrirá a continuación ni cuál será el rumbo del país.
En un barrio popular del este de Caracas, Daniel Medalla, un obrero de la construcción de 66 años, observaba el panorama desde la escalinata de una iglesia cerrada. “Lo estábamos deseando”, dijo en alusión a la salida de Maduro. Según él, la población evitaba salir no tanto por miedo a los disturbios, sino por temor a una nueva ola de represión, como la vivida durante las tensas elecciones del año pasado.
Mientras tanto, el país continúa a la espera de definiciones políticas en medio de un clima de quietud forzada y desconcierto colectivo.
Esta historia fue traducida del inglés al español con apoyo de una herramienta de inteligencia artificial y revisada por un editor antes de su publicación.




