Durante la madrugada del sábado 3 de enero de 2026, Estados Unidos lanzó un “ataque a gran escala” contra Venezuela. Según declaraciones oficiales, el presidente Nicolás Maduro fue capturado y trasladado fuera del país.
Testigos en Caracas reportaron múltiples explosiones y el sobrevuelo de aeronaves a baja altura sobre la capital. El gobierno de Maduro acusó de inmediato a Estados Unidos de atacar tanto instalaciones civiles como militares.
Hasta el momento no estaba claro quién asumía el mando en Venezuela ni se conocía con certeza el paradero del mandatario. La situación generó tensión e incertidumbre en la región.
Antes de las explosiones, la Administración Federal de Aviación (FAA) había emitido una orden para prohibir los vuelos comerciales estadounidenses sobre el espacio aéreo venezolano, citando “actividad militar en curso”.
Analistas internacionales advierten que la operación podría tener profundas consecuencias políticas y humanitarias, mientras continúan las reacciones de gobiernos aliados y organismos internacionales que exigen moderación y respeto al derecho internacional.




