La ciudad colombiana de Cartagena comenzó a reemplazar sus icónicas calesas tiradas por caballos por carruajes eléctricos, tras años de presión de activistas por los derechos de los animales que denunciaban el maltrato y las malas condiciones de salud de los caballos usados para el turismo.
En una plaza rodeada de mansiones coloniales, el alcalde Domek Turbay presentó una flota inicial de 30 carruajes eléctricos descapotados, con baterías y volante en lugar de riendas y yugos. “Los tiempos cambian”, afirmó el alcalde. “Hace muchos años que tanto locales como visitantes rechazan el maltrato animal que deriva del uso de caballos en coches turísticos”.
Cartagena, reconocida por su centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, busca convertirse en el primer gran destino turístico del mundo en reemplazar totalmente los caballos por vehículos eléctricos. Desde la década de 1940, las calesas eran parte del encanto de la ciudad, con los visitantes recorriendo las calles adoquinadas bajo la luz de los faroles.
La transición, sin embargo, no ha estado libre de controversia. Fanny Pachón, activista por los derechos de los animales, explicó que los caballos “no están preparados para trabajar en una ciudad con carreteras de cemento, autos y motocicletas”, y recordó incidentes en los que algunos se derrumbaron por el calor.
En las próximas semanas se espera la llegada de otros 62 carruajes eléctricos fabricados en China. El gobierno local construye además un almacén con una pequeña planta solar y una estación de carga para los nuevos vehículos.
La medida ha generado rechazo entre los propietarios de calesas, quienes aseguran que su labor ya estaba regulada para garantizar el bienestar animal. Jacqueline González, dueña de dos de ellas, aseguró que “somos una de las actividades más reguladas de esta ciudad”. Su grupo advirtió que podría recurrir a una huelga de hambre si no reciben compensación por las pérdidas generadas.
Yesid Soto, presidente de una asociación que agrupa a los dueños y empleados de los coches de caballos, criticó la medida al afirmar que “esto no es una transición, es una imposición”. Según Soto, 26 propietarios se verán directamente afectados y, en temporada alta, una calesa podía generar ingresos de hasta 150 dólares diarios. El decreto emitido por Turbay prohíbe desde el lunes el uso de los carruajes tradicionales y dispone que las nuevas unidades eléctricas sean propiedad municipal.
El gobierno local ha ofrecido empleo a los conductores de las calesas en el nuevo sistema, aunque aún no se ha detallado cómo se integrará a los propietarios. Turbay acusó a algunos de ellos de “sabotear” las negociaciones, mientras la ciudad entra en una nueva etapa para modernizar su turismo y promover el respeto por los animales.




