El presidente francés Nicolas Sarkozy describió los 20 días que pasó encarcelado como un “mundo ruidoso, áspero y gris” marcado por una “violencia inhumana”, según su libro “Diario de un preso”, publicado el miércoles. En la obra, el exmandatario de 70 años reflexiona sobre el impacto de su condena por asociación delictiva al financiar con fondos libios su campaña de 2007 y ofrece nuevas recomendaciones políticas para su partido, Los Republicanos.
Condenado a cinco años de prisión, de los cuales solamente cumplió 20 días antes de obtener libertad bajo vigilancia judicial, Sarkozy narra su experiencia en la prisión parisina de La Santé, donde estuvo aislado del resto de los internos. Relata su vida cotidiana en una celda que comparó con “un hotel barato”, con un colchón duro, una almohada de plástico y una ducha con poca agua. Reconoce haber sentido un “ambiente amenazador” y califica su paso por la cárcel como una auténtica pesadilla.
En cuanto a sus hábitos durante el encierro, el político señala que rechazó la comida que se servía y que se alimentó principalmente de productos lácteos y barritas de cereales. En su hora diaria de ejercicio, usaba una sencilla cinta de correr. Además, reflexiona sobre la incapacidad del sistema penitenciario francés para reintegrar a los reclusos, asegurando que la “violencia más inhumana era una realidad cotidiana”.
Sarkozy explica que, tras su experiencia, ha decidido adoptar posiciones “más elaboradas y matizadas” sobre la seguridad y el castigo. También aborda su visión política actual, sugiriendo que su partido debe buscar puntos de convergencia con la extrema derecha. En el libro afirma que la Agrupación Nacional no es “un peligro para la República”, y destaca que, aunque existen diferencias ideológicas y figuras controvertidas en sus filas, representan a muchos ciudadanos franceses y respetan la democracia.
Según Sarkozy, el renacimiento de Los Republicanos depende de “un espíritu de unidad lo más amplio posible”. Estas declaraciones generaron controversia en el ámbito político francés, rompiendo con la tradición conservadora de rechazar cualquier acercamiento a la extrema derecha.
El analista Roland Cayrol calificó sus afirmaciones como “un trueno” dentro del panorama político. Pese a ello, los líderes de Los Republicanos evitaron respaldar abiertamente una alianza con la Agrupación Nacional, aunque sí han señalado su interés en atraer al electorado de ese sector.
El libro también expone aspectos personales, como la relación de Sarkozy con el presidente centrista Emmanuel Macron. Revela que este se reunió con él en el Palacio del Elíseo antes de su encarcelamiento y le ofreció cambiar de prisión por motivos de seguridad, oferta que rechazó. Dos policías fueron asignados para custodiarle las 24 horas. Sin embargo, asegura haber perdido la confianza en Macron después de que no evitara que le retiraran la Legión de Honor.
Finalmente, el texto recuerda que Sarkozy fue condenado nuevamente el mes pasado por financiación ilegal de su campaña de reelección en 2012, sanción que cumplirá en casa bajo control electrónico, en otro golpe a su reputación y legado político.




