Washington — La decisión del presidente Donald Trump de construir un gran salón de baile en el espacio donde antes se encontraba el Ala Este ha transformado por completo la experiencia de visita a la Casa Blanca. Ahora los turistas ingresan por una entrada distinta y el recorrido es más breve, ya que se han limitado las habitaciones históricas disponibles.
Las visitas, suspendidas desde septiembre por las obras, se reanudaron el martes, justo a tiempo para la temporada navideña. Pese a los cambios, muchos visitantes celebraron poder recorrer nuevamente la residencia presidencial y admirar las decoraciones elaboradas por la primera dama Melania Trump.
Kevin Heins, de Myrtle Beach (Carolina del Sur), dijo sentirse complacido con el regreso de los recorridos. Destacó el Salón Rojo como su parte favorita, adornado con más de 10,000 mariposas azules. Estas mariposas simbolizan transformación y forman parte del programa Fostering the Future, una iniciativa de la primera dama que pertenece a su proyecto Be Best, dirigido a apoyar a niños y jóvenes.
Para visitantes como Susan Bare, de Kannapolis (Carolina del Norte), el detalle tuvo un significado personal. “Me gustan las mariposas porque me recuerdan a mi hijo”, comentó, recordando al joven que antes de morir en un accidente de auto había creado un jardín de mariposas.
No todos los asistentes quedaron completamente satisfechos. Algunos notaron que el recorrido se acortó considerablemente y solo incluye la planta de Estado, donde se encuentran los salones Este, Verde, Azul y Rojo, además del Comedor de Estado, el Salón de la Cruz y el Gran Vestíbulo. Las salas de la planta baja, como las Salas China y Vermeil, permanecen cerradas al público debido a las obras.
Parte del personal afectado por la demolición del Ala Este utiliza ahora esas áreas como oficinas temporales. Amiah Henry, estudiante de Luisiana, comentó: “El año pasado el recorrido era mucho más largo. Se redujo mucho”. Desde los pasillos aún se escuchaban los ruidos de construcción mientras los turistas recorrían la casa. “Me entristece no haber podido ver el Ala Este, pero, ¿qué se le va a hacer?”, agregó.
Pese a las molestias, algunos, como Heins, opinan que el nuevo salón de baile añadirá valor y atractivo a la historia de la Casa Blanca. “Definitivamente es un gran cambio”, concluyó, mientras los visitantes salían bajo la decoración navideña centelleante de la residencia.




