Viena – Estados Unidos y Rusia han amenazado con reanudar las pruebas nucleares, un movimiento que alarma a la comunidad internacional y pone en riesgo la frágil norma global que prohíbe estos ensayos.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en su plataforma Truth Social que instruyó al Departamento de Guerra a iniciar pruebas nucleares “en igualdad de condiciones” frente a otros países. “Ese proceso comenzará de inmediato”, escribió a finales de octubre. Moscú respondió con firmeza: el presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió que si Estados Unidos o cualquier país firmante del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares realiza pruebas, “Rusia estaría obligada a tomar medidas recíprocas”.
El tratado, adoptado en 1996 por la Asamblea General de la ONU, prohíbe todas las explosiones nucleares. Aunque 187 países lo han firmado y 178 lo han ratificado, aún no ha entrado formalmente en vigor por la falta de ratificación de nueve Estados, entre ellos Estados Unidos, China, Egipto, Irán e Israel. India, Pakistán y Corea del Norte ni siquiera lo firmaron. Rusia, que sí lo había ratificado, revocó ese compromiso en 2023 alegando desequilibrio frente a Washington.
Con sede en Viena, la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares supervisa una red global de 307 estaciones de monitoreo para detectar cualquier detonación nuclear mediante tecnología sísmica, hidroacústica e infrasónica. Su presupuesto para 2025 supera los $139 millones y su misión es generar confianza y verificación internacional.
Expertos como Daryl Kimball, de la Asociación para el Control de Armamentos, aseguran que si Estados Unidos reanuda los ensayos, “abriría la puerta a que Estados con menos experiencia, como China o India, realicen pruebas que les permitan perfeccionar diseños más avanzados”, debilitando la seguridad global. Joseph Rodgers, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, coincide en que esos países serían los principales beneficiados.
Desde 1996, solo India, Pakistán y Corea del Norte han realizado pruebas nucleares —diez en total—. Estados Unidos, en cambio, no hace una desde 1992. En total, se han registrado unas 2,000 pruebas nucleares, la mayoría antes de 1996, efectuadas por Washington y Moscú.
Ante la incertidumbre generada por el anuncio de Trump, el secretario ejecutivo de la organización, Robert Floyd, aseguró que su función principal es ofrecer “confianza a los Estados” al monitorear cualquier posible explosión nuclear “en cualquier lugar y momento”. Su red de vigilancia, recordó, detectó las seis pruebas realizadas por Corea del Norte entre 2006 y 2017.
La Casa Blanca no ha aclarado a qué tipo de ensayos se refería Trump. El secretario de Energía, Chris Wright, indicó que no incluirían explosiones nucleares, sino experimentos subcríticos, que no generan reacciones en cadena ni violan el tratado. Las pruebas prohibidas son las supercríticas, que sí producen una explosión nuclear.
Sin embargo, los especialistas advierten que existen ensayos con rendimientos extremadamente bajos que podrían pasar desapercibidos para los sistemas de detección. Actualmente, el sistema puede identificar explosiones equivalentes a 500 toneladas de TNT, mientras que la bomba lanzada sobre Hiroshima tuvo un poder de unos 15 kilotones.
La posibilidad de una nueva carrera de pruebas nucleares revive temores de una escalada global y plantea un desafío directo al sistema internacional de control de armas nucleares construido durante casi ocho décadas.




