La Oficina Federal de Prisiones anunció el cierre temporal del centro correccional federal Terminal Island, en California, debido al deterioro estructural que afecta su sistema de calefacción. El recinto, inaugurado en 1938 y donde estuvieron presos figuras como Al Capone y Charles Manson, presenta caída de hormigón en los túneles que albergan las tuberías de vapor.
El director William K. Marshall III informó al personal que suspender las operaciones “no es una decisión fácil, pero es absolutamente necesaria”. La prisión, ubicada al sur de Los Ángeles y de baja seguridad, alberga a cerca de 1,000 personas, entre ellas Sam Bankman-Fried y Michael Avenatti.
Según Marshall, el daño estructural representa un peligro para empleados y confinados. “No vamos a esperar a que haya una crisis. No vamos a jugar con vidas”, escribió. El portavoz Randilee Giamusso añadió que la agencia está tomando “medidas inmediatas” para proteger al personal y trasladar a los internos a otros centros, priorizando mantenerlos cerca de sus lugares de liberación.
Un informe contratado por la agencia en abril de 2024 reveló que el centro requiere más de $110 millones en reparaciones críticas. El futuro de las instalaciones se evaluará tras concluir el traslado y asegurar la integridad de la estructura.
El cierre se produce mientras la Oficina de Prisiones enfrenta un déficit de personal, atrasos de $3,000 millones en mantenimiento y dificultades presupuestarias. Con más de 30,000 empleados, 122 centros y un presupuesto anual de $8,500 millones, la agencia es el principal empleador del Departamento de Justicia, pero arrastra serios problemas de infraestructura y denuncias de abusos, fugas y contrabando.
En los últimos años, la Oficina ha cerrado o dejado inactivos varios recintos, incluido el penal femenino de Dublín, California, tras revelarse abusos sexuales sistemáticos. Mientras tanto, construye una nueva prisión en Kentucky y, por indicación del presidente Donald Trump, estudia reabrir la histórica prisión de Alcatraz.
El deterioro de las instalaciones y la falta de personal han provocado que empleados de otras áreas, como enfermería o cocina, deban asumir tareas de vigilancia. A esto se suma la fuga de funcionarios hacia el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, que ofrece bonificaciones de hasta $50,000.




