Feliks el águila, una majestuosa ave imperial oriental, ha regresado a su hogar en Serbia después de haber sido víctima de un terrible secuestro en Oriente Medio. Capturado por cazadores furtivos en Siria y vendido ilegalmente, su historia de rescate ha resaltado los peligros del comercio ilegal de animales y la lucha constante de las organizaciones de protección animal.
El 22 de junio, Feliks llegó a Serbia a bordo de un avión militar, tras haber sido rescatado en una compleja misión que involucró a la Asociación Libanesa para Aves Migratorias y a varios voluntarios. Michel Sawan, el director de dicha asociación, expresó su asombro ante el éxito de la operación, señalando: "La verdad es que nos cuesta creer… que la misión se haya llevado a cabo con éxito".
La historia de Feliks comenzó en agosto del año anterior, cuando comenzó su primer vuelo migratorio hacia Oriente Medio. Sin embargo, su viaje se tornó en una pesadilla cuando fue capturado y vendido. Sawan relató que "cuando detuvieron a Félix, se difundió en muchos grupos de WhatsApp que estaba vendiendo aves silvestres capturadas ilegalmente en Siria". Este tipo de situaciones se han vuelto cada vez más comunes, y Sawan advirtió: "La situación empeora año tras año, temporada tras temporada, día tras día".
Con la ayuda de una red de contactos en Siria, Sawan logró localizar a Feliks. Sin embargo, el rescate se complicó debido a los conflictos en la región y las condiciones climáticas adversas. Finalmente, un grupo de refugiados logró llevar a Feliks a través del río Nahr al-Kabir, en un saco de papas, completando una operación que fue descrita como "una locura".
Feliks fue inicialmente reducido a una sola pareja reproductora en 2017, pero gracias a los esfuerzos continuos de conservación, la población ha crecido hasta alcanzar 29 parejas reproductoras en la actualidad. Sin embargo, los peligros que enfrentan estas aves son múltiples, desde el envenenamiento accidental hasta los cables eléctricos.
Ahora, tras su regreso, Feliks deberá permanecer en cuarentena durante 21 días, como parte de los protocolos establecidos por el BPSSS. Aunque su historia tuvo un desenlace feliz, el comercio ilegal de animales sigue siendo un problema serio, y el caso de Feliks ha puesto de relieve la necesidad de seguir luchando contra esta práctica.
"Feliks cerró el círculo y regresó al punto de partida", concluyó Sawan, reflejando la esperanza de que situaciones como esta se conviertan en historias de éxito más frecuentes en el futuro.
Fuentes: AP News, greenwichtime.com, huffpost.com
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