Los jinetes boricuas brillan en el cierre histórico del hipódromo Aqueduct, que cerró sus puertas tras 132 años de actividad en las carreras de caballos. Este emblemático óvalo de Nueva York se despidió el domingo, y la última carrera, celebrada a las 5:50 p.m., tuvo como protagonista a Jaime Rodríguez, quien ganó la última competencia. Rodríguez expresó su emoción al decir: "Ganar aquí la última carrera será memorable".
Aqueduct, que abrió sus puertas en 1898, ha sido un lugar fundamental en la historia del hipismo estadounidense. El nombre del hipódromo proviene de un acueducto cercano, y ha sido testigo de eventos históricos, incluyendo carreras de grandes campeones como Secretariat. En este cierre, la comunidad hípica se unió para rendir homenaje a un lugar que ha sido parte de su vida durante generaciones. Manuel Franco, otro destacado jinete puertorriqueño, finalizó la temporada con una impresionante estadística, liderando con ganancias de $2,808,518 y 45 victorias, lo que lo posicionó como el mejor jinete de la temporada en Aqueduct.
Legado de Aqueduct y los jinetes boricuas
Franco comentó sobre su experiencia en Aqueduct, afirmando: "Aquí es donde perfeccioné mi oficio, donde aprendí todo lo que sé". Su dedicación y éxito han dejado una huella profunda en el hipódromo, que ha sido escenario de importantes eventos como el Triple Corona y el Cigar Mile. La última temporada en Aqueduct, que comenzó el 30 de mayo, culminó con un sentido de nostalgia entre los aficionados y los participantes.
El cierre de este hipódromo no solo representa el fin de una era, sino también una oportunidad para reflexionar sobre su impacto en el mundo del hipismo. La New York Racing Association ha sido clave en la gestión de Aqueduct, y su legado se perpetuará en la memoria de aquellos que han disfrutado de las carreras allí. La emoción y la tristeza se entrelazan en este momento histórico, donde los jinetes boricuas, como Rodríguez y Franco, se destacan como símbolos de perseverancia y talento.
Una despedida emotiva
La comunidad hípica de Nueva York se despidió de Aqueduct con una mezcla de alegría y tristeza. La última carrera fue un evento lleno de recuerdos y emoción, donde los jinetes reflejaron su amor por el deporte. Eric Cancel, otro jinete que participó en la jornada, compartió su sentir, afirmando: "Y ganar frente a toda esta gente es una bendición". Este sentimiento fue común entre los jinetes, quienes reconocen el papel fundamental que Aqueduct ha jugado en sus carreras.
El cierre de Aqueduct marca el fin de una era en el hipismo estadounidense, y aunque el futuro puede ser incierto, el legado de los jinetes boricuas y de este histórico hipódromo permanecerá en la memoria colectiva. La historia de Aqueduct continúa viva a través de las historias de aquellos que han corrido en su pista, y su impacto en el hipismo se sentirá por generaciones futuras.
Fuentes: nypost.com, newsweek.com, nbcnewyork.com
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