Mientras las autoridades sanitarias de Estados Unidos investigan más de 30 casos de botulismo infantil vinculados a la fórmula ByHeart desde agosto, varios padres aseguran que sus hijos enfermaron meses antes y ahora piden explicaciones.
El Departamento de Salud Pública de California confirmó que seis bebés que consumieron ByHeart fueron tratados por botulismo entre noviembre de 2024 y junio de 2025, hasta nueve meses antes del brote reciente que ha afectado a al menos 31 menores en 15 estados. En ese entonces, no se contaba con evidencia suficiente para sospechar de una fuente común, según las autoridades.
Bill Marler, abogado especializado en seguridad alimentaria en Seattle, explicó que al menos cinco de los niños enfermos consumieron ByHeart a finales de 2024 y principios de 2025. Entre ellos está Hank, hijo de Amy Mazziotti, de Burbank, California, quien enfermó en marzo después de comenzar a tomar la fórmula. También figura la bebé M.C., hija de Katie Connolly, de Lafayette, que fue hospitalizada en abril.
ByHeart ordenó retirar todos sus productos del mercado el 11 de noviembre, luego de confirmarse que algunas muestras sin abrir estaban contaminadas con la bacteria que causa el botulismo infantil. La empresa representa menos del 1% del mercado estadounidense de fórmulas.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) indicaron que están enfocados en investigar el aumento de infecciones ocurrido desde agosto. “Eso no significa necesariamente que los casos previos no estén relacionados”, aclaró Jennifer Cope, científica de los CDC, quien advirtió que será difícil vincular los casos antiguos por la falta de registros de lotes.
Connolly expresó frustración porque los primeros casos no despertaron la misma alarma. “Quiero saber por qué los casos de marzo no provocaron una investigación como los de agosto”, dijo.
Antes de este brote, ninguna fórmula infantil en polvo había dado positivo a la bacteria del botulismo, según las autoridades californianas. Expertos externos, como Frank Yiannas, ex subcomisionado de la FDA, sostienen que los primeros casos deberían incluirse en la investigación. “Sin duda, deberían ser parte de esto”, afirmó.
Sandra Eskin, directora ejecutiva de STOP Foodborne Illness, calificó el episodio como traumático para los padres. “Confiaron en un producto que creyeron seguro y ahora enfrentan la hospitalización de sus bebés”.
Pese a que los niños afectados muestran mejoría, algunos siguen con secuelas. Connolly concluyó: “Merecemos conocer los datos que expliquen cómo se enfermaron nuestros bebés”.




