La princesa Bajrakitiyabha Mahidol de Tailandia ha fallecido a los 47 años, según confirmó la Casa Real. La noticia se hizo pública el viernes, tras haber estado en coma por más de tres años debido a una enfermedad repentina que la llevó a ser hospitalizada en el Hospital Memorial Rey Chulalongkorn. Su muerte ha generado un profundo dolor en la nación tailandesa, como lo expresó el primer ministro Anutin Charnvirakul, quien afirmó que "esta pérdida no es solo una mala noticia… sino un dolor inconmensurable en los corazones de toda la nación".
Nacida el 7 de diciembre de 1978, Bajrakitiyabha era la hija mayor del rey Maha Vajiralongkorn. A lo largo de su vida, se destacó no solo por su linaje real, sino también por su formación académica, obteniendo un máster en Derecho de la Universidad de Cornell en 2002 y un doctorado en 2005. Su compromiso con la justicia y la igualdad quedó reflejado en su proyecto Kamlangjai, que buscaba inspirar y empoderar a las mujeres en Tailandia.
Legado de justicia y bondad
La princesa era conocida por su dedicación a la reforma judicial y su deseo de construir una sociedad más justa. En su discurso sobre la fallecida, Anutin Charnvirakul destacó que su "compromiso con la construcción de una sociedad basada en la bondad, la justicia y la igualdad permanecerá para siempre como un legado moral para la nación". Esta visión de una sociedad más equitativa fue un tema recurrente en sus intervenciones públicas, donde enfatizaba la importancia del Estado de derecho: "La sociedad no puede crecer si hay inestabilidad e injusticia".
Durante su tiempo en el hospital, un grupo de dolientes se reunió para rendir homenaje a la princesa, sosteniendo fotos de ella en un acto conmovedor de despedida. Muchos de los presentes expresaron su tristeza, compartiendo sentimientos de pérdida y admiración por su vida y trabajo. "Sé que estaba enferma, pero ojalá hubiera ocurrido un milagro", comentó una de las asistentes.
Impacto en la nación tailandesa
El fallecimiento de Bajrakitiyabha se produce en un contexto de especulación sobre su posible ascenso al trono, ya que muchos la veían como una futura reina. Su nombre estaba asociado con la modernización de la monarquía tailandesa y la promoción de derechos humanos. La princesa fue una figura clave en la promoción de leyes y reformas en el sistema judicial, reflexionando que "sin un buen sistema judicial, siempre reina el caos". Esta perspectiva la hizo ganar el respeto de muchos sectores de la población, quienes la consideraban un símbolo de esperanza para el futuro del país.
La Casa Real de Tailandia ha pedido respeto por el duelo que enfrenta el país y por la memoria de la princesa. Su legado permanecerá en la historia como un pilar de bondad y justicia que guiará a generaciones futuras. Como concluyó Anutin Charnvirakul, la princesa siempre será recordada como "el orgullo de Tailandia".
Fuentes: elmundo.es, newsday.com, ca.news.yahoo.com
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