Raúl Castro, el antiguo presidente y líder de Cuba, surgió nuevamente en la esfera pública tras ser acusado por el gobierno de Estados Unidos de derribar dos avionetas en 1996. Esta acusación se presentó judicialmente a mediados de mayo. Castro, quien recientemente celebró su cumpleaños número 95, asistió el viernes en la noche a una ceremonia en honor a su onomástico y al 65 aniversario del Ministerio del Interior cubano, según difundieron los medios noticiosos oficiales.
La televisión cubana transmitió imágenes del veterano líder llegando al evento, ataviado con su reconocido uniforme verde olivo, rodeado de altos mandos militares, líderes del gobierno, y el actual presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel.
Raúl Castro en acto oficial
Durante el mitin, Díaz-Canel destacó con fervor la singularidad y la relevancia histórica de Raúl Castro, indisolublemente asociado a su hermano Fidel en la construcción de la identidad nacional cubana. «Raúl es Raúl», repetía como eco la multitud, sostenía el presidente, elogio que encapsula su valentía, dignidad y valor moral, así como su capacidad de evadir varios intentos de asesinato promovidos por adversarios del régimen y mercenarios a su servicio. Díaz-Canel añadió: «Raúl es Cuba, y a Cuba no se toca».
El panorama político se torna más tenso con la reciente acusación del 20 de mayo por fiscales federales estadounidenses, que imputan a Castro por el derribo de dos aviones civiles de exiliados cubanos en Miami por el grupo Hermanos al Rescate en 1996. En aquel entonces, Castro ejercía como ministro de Defensa. Los cargos, que se hicieron efectivos en abril bajo estricta confidencialidad por un jurado investigador, comprenden asesinato y destrucción de aeronaves.
Tensión creciente entre EE.UU. y Cuba
Desde su retiro de cargos formales tras cumplir los 95 años el pasado 3 de julio, Castro no había sido visto públicamente. Su retorno a la escena concuerda con un momento crítico para Cuba que enfrenta represalias por parte de Estados Unidos desde que, en enero, el entonces presidente Donald Trump activó sanciones económicas severas, como un cerco petrolero destinado a presionar un cambio gubernamental en la isla.
Cuba, por su lado, ha dejado claro que no aceptará pasivamente una intervención militar. Las medidas han frenado la llegada de combustibles, exacerbando la crisis en la nación caribeña, con repercusiones tales como cortes eléctricos prolongados y deficiencias en sectores esenciales como la salud pública y la producción nacional.
Pese a los constantes desafíos, ambos gobiernos han reconocido que continúan los diálogos bilaterales, aunque el progreso de estos se mantiene en secreto, lo que añade un grado de incertidumbre a la ya compleja relación entre ambas naciones.
Fuente: El Nuevo Día
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