Una impresionante imagen microscópica fue capturada por investigadores puertorriqueños mostrando cómo partículas de polvo del Sahara interactúan con los mecanismos de defensa respiratoria humana. Esta imagen forma parte de un estudio colaborativo entre Ponce Health Sciences University, el Ponce Research Institute y la Universidad Interamericana, Recinto Metropolitano, y reveló cómo los cilios, pequeñas estructuras que recubren el epitelio respiratorio, intentan desplazar estas partículas procedentes del continente africano al sistema respiratorio.
«Tomamos una foto donde se ven esos cepillitos de la vía respiratoria moviendo las partículas de polvo del Sahara. Eso no lo habíamos visto nunca», explicó Wilfredo de Jesús, neumólogo pediátrico e investigador, también profesor en Ponce Health Sciences University, durante una entrevista con El Nuevo Día.

La microbióloga Natasha de León Rodríguez, de la Universidad Interamericana, suministró las muestras de polvo utilizadas en el experimento. Luego, el equipo de investigación expuso estas muestras de polvo a epitelio respiratorio nasal, lo que permitió una observación microscópica de un proceso que normalmente pasa desapercibido.
De Jesús detalló que los cilios son «pequeños cepillitos» encargados de limpiar las partículas inhaladas hacia los pulmones. Sin embargo, no todas las partículas fueron desplazadas. «Había partículas pequeñitas que los pelitos estaban moviendo, pero las grandes se quedaban», dijo la profesora De León Rodríguez.

Las diferencias observadas no son menores. Según de Jesús, el polvo del Sahara contiene partículas de diversos tamaños. Algunas son lo suficientemente pequeñas como para desplazar a través de las vías respiratorias, mientras que otras quedan atrapadas en diferentes partes del sistema respiratorio.

«Entre más partículas se queden en la nariz, más sinusitis o alergias podemos tener. Entre más se queden en la garganta, más tos o irritación. Y en el pulmón, más exacerbaciones de asma», indicó.
Este hallazgo cobra mayor importancia debido a los intensificados y frecuentes eventos de polvo del Sahara que afectan actualmente a Puerto Rico. Según la microbióloga, históricamente, estas nubes de polvo llegaban principalmente en verano; sin embargo, ahora se detectan desde febrero hasta octubre con mayor frecuencia y densidad.

A pesar de que el fenómeno es comúnmente asociado con arena del norte de África, su composición es compleja, incluyendo minerales y microorganismos como bacterias, hongos y polen, explicó la microbióloga.
Para determinar qué microorganismos llegan con estas masas de aire, el equipo de De León Rodríguez mantiene estaciones de muestreo en Aguadilla, Fajardo, Adjuntas y San Juan.

En las consultas médicas, los efectos del polvo del Sahara ya se reflejan en un aumento de pacientes con síntomas respiratorios. De Jesús mencionó un incremento en llamadas de familias solicitando atención para niños con congestión nasal y exacerbaciones de asma, incluso pacientes aparentemente saludables mostraron una función pulmonar reducida.
Advirtió que los síntomas no se limitan a quienes tienen condiciones preexistentes. «Hasta pacientes saludables pueden tener síntomas cuando los niveles en la calidad del aire son insalubres», aseguró. Ojos secos, picazón ocular, irritación de garganta, congestión nasal y tos seca son posibles reacciones al polvo.

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Para minimizar los riesgos, recomendó limitar actividades al aire libre, mantener cerradas las puertas y ventanas, usar mascarillas si es necesario, hidratarse y asegurarse de contar con los medicamentos de mantenimiento para problemas respiratorios.

«Muchas veces, cuando estamos respirando estas partículas, se tiende a deshidratar un poco la vía aérea, así que mantenerse hidratado tomando agua ayudaría a que esas partículas salgan más fácil», subrayó.
Según el Servicio Nacional de Meteorología, el polvo del Sahara consta de polvo mineral del desierto del Sahara y Sahel, siendo transportado por vientos alisios recorriendo 5,000 kilómetros hasta llegar a Puerto Rico.

y exacerbación de condiciones como asma.
Aunque la nube de polvo transporta nutrientes orgánicos como nitrógeno, hierro y fósforo que benefician al ecosistema, también incluye partículas nocivas para la salud, afectando especialmente a personas inmunodeprimidas o vulnerables con condiciones respiratorias.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado sobre los peligros del polvo del Sahara, que contiene bacterias, virus, esporas, hierro, mercurio y pesticidas, lo que puede desencadenar alergias y crisis asmáticas.



