Jill Biden expresó su pesar por no haber hablado abiertamente sobre la adicción a las drogas de su hijo Hunter mientras vivía en la Casa Blanca. En una entrevista con Whoopi Goldberg, en el programa “The View”, la ex primera dama afirmó que ahora comprende que compartir esas experiencias podría ofrecer esperanza a otras familias que enfrentan situaciones similares.
En la presentación de su libro “View from the East Wing”, realizada en el 92nd Street Y de Nueva York, Jill reconoció: “Creo que en parte lo negábamos”. Explicó que para ella fue difícil entender cómo alguien con una familia amorosa, buena educación y una carrera exitosa podía caer en las drogas. “Es duro para mí decir esto, pero Hunter era un drogadicto”, expresó ante el público.
Añadió que la etapa de adicción de su hijo fue “un momento realmente difícil de atravesar para nuestra familia”. Hunter empezó a abusar del alcohol y otras sustancias tras la muerte de su hermano Beau Biden en 2015, víctima de cáncer cerebral. Hoy, según Jill, lleva años sobrio, trabaja como artista y colabora con otros en recuperación. “Siento no haber hablado de ello un poco más. Espero que hacerlo ahora ofrezca esperanza a otras personas”, dijo.
Hunter Biden relató su propia lucha en las memorias que publicó en 2021. Su adicción lo llevó a enfrentar cargos federales por mentir sobre su consumo de drogas al comprar un arma. Fue condenado, pero más tarde recibió el indulto de su padre, quien había prometido no usar los poderes presidenciales para beneficiar a su hijo, antes de revertir su decisión al final de su mandato.
Durante la entrevista, Jill también habló sobre la salud de su esposo, el expresidente Biden, diagnosticado con un cáncer de próstata que se extendió a los huesos. Aseguró que esta situación les ha ayudado a ver la vida con otra perspectiva. “El diagnóstico de cáncer de Joe realmente pone la vida en perspectiva. Intentamos tomar cada día y encontrar las alegrías”, afirmó.
El expresidente, de 83 años, asistió al evento acompañado de varios familiares y fue recibido con ovaciones. Jill comentó que los tratamientos contra el cáncer “tienen consecuencias duras”, pero destacó que su esposo “está más guapo que nunca”.
La autora también compartió recuerdos de su vida en la Casa Blanca, donde celebraban fines de semana en Camp David y actividades con familias militares. Sin embargo, admitió que la pérdida de privacidad fue lo más difícil de su rol: “Realmente vives en una pecera. Todo el mundo sabe dónde estás. Ni siquiera podía bajar a mi despacho”, relató entre risas, imitando a los agentes del Servicio Secreto mientras usaban su nombre en clave, “Capri”.



