Bunia, República Democrática del Congo — Profesionales de la salud en el este del país advirtieron que carecen de protección y capacitación suficiente para enfrentar un brote de un tipo poco común de ébola que se expande con rapidez en una de las regiones más remotas del mundo. La inseguridad complica aún más la respuesta: militantes vinculados al grupo Estado Islámico habrían matado al menos a 17 personas en la aldea de Alima, en la provincia de Ituri, donde el brote tiene su epicentro.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que el riesgo global sigue siendo bajo, aunque el “paciente cero” no ha sido identificado. En Bunia, donde se registró la primera muerte conocida, los precios de mascarillas y desinfectantes se han cuadruplicado. Residentes reportan escasez de suministros mientras llegan envíos de emergencia desde UNICEF.
En Rwampara, familias lloran mientras equipos médicos desinfectan y sepultan a las víctimas. “Es realmente triste y doloroso porque ya hemos pasado por una crisis de seguridad, y ahora el ébola también está aquí”, dijo Justin Ndasi, residente local. Botwine Swanze relató que su hijo comenzó con fuertes dolores antes de morir “sangrando y vomitando”.
El virus Bundibugyo, una variante rara del ébola, pasó inadvertido durante semanas porque las pruebas buscaban una cepa más común. La OMS declaró el brote una emergencia de salud pública internacional y advirtió que podría prolongarse al menos dos meses. Hasta ahora, se han confirmado 51 casos en Ituri y Kivu del Norte, y dos en Uganda. Tedros Adhanom Ghebreyesus informó que existen 139 muertes sospechosas y cerca de 600 posibles contagios. Sin embargo, el Centro MRC en Londres estima que el número real podría superar los 1,000.
El doctor Vasee Moorthy, asesor especial de la OMS, indicó que una vacuna contra el virus Bundibugyo no estaría disponible antes de seis meses. Mientras, el doctor Lievin Bangali, del Comité Internacional de Rescate, alertó que la respuesta sufre por años de falta de fondos y el colapso del sistema sanitario local.
El gobierno de Estados Unidos, encabezado por el secretario de Estado Marco Rubio, anunció un aporte de $23 millones para financiar 50 clínicas de emergencia en la región. Aun así, los hospitales congoleños siguen saturados: en Bambu, pacientes sospechosos comparten salas con otros enfermos, mientras que en Mongbwalu hay unos 30 internados por ébola. “Los centros están llenos. No hay más espacio”, advirtió Trish Newport, de Médicos Sin Fronteras.
En Goma, bajo control del grupo rebelde M23 respaldado por Ruanda, la representante de la OMS Anne Ancia describió la situación como “complicada”. Pese al miedo, las escuelas e iglesias permanecen abiertas y la extracción de oro no se ha detenido. “No hay pánico, pero la preocupación crece”, comentó Chérubin Kuku Ndilawa, líder local. Los médicos temen quedar desbordados si el brote continua sin contención.




