El presidente Donald Trump y varios altos funcionarios de su administración se unirán este domingo en el National Mall de Washington a un grupo de clérigos cristianos conservadores en una reunión de oración llamada Rededicate 250. El acto, dedicado al 250.º aniversario de Estados Unidos, busca “rededicar” al país como “Una Nación Bajo Dios”.
El evento, organizado por la organización sin fines de lucro Freedom 250, se presenta como parte de la programación presidencial del aniversario. Sin embargo, congresistas demócratas han expresado preocupación por la estructura y el financiamiento de la entidad, al considerar que responde directamente a Trump y deja de lado a una comisión creada por el Congreso para la planificación del semiquincentenario.
Se espera la participación de miles de personas en un programa que incluirá música, oraciones y mensajes de figuras políticas y religiosas. Entre los oradores confirmados están el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el presidente de la Cámara de Representantes Mike Johnson. Trump enviará un mensaje grabado en video. También participarán los pastores Franklin Graham, Paula White-Cain, Robert Jeffress, Samuel Rodríguez, el cardenal Timothy Dolan, el obispo Robert Barron y el rabino Meir Soloveichik.
Uno de los mensajes promocionales asegura que “los derechos no provienen del gobierno, sino de Dios”. Estas declaraciones, junto con el tono patriótico y religioso de la convocatoria, han generado fuertes críticas. Legisladores como Jared Huffman, demócrata de California, sostienen que Rededicate 250 promueve una narrativa de nacionalismo cristiano que amenaza la separación constitucional entre iglesia y Estado.
“Lo que debería ser una celebración nacional se ha politizado y envuelto en una narrativa MAGA que busca reescribir nuestra historia”, dijo Huffman, quien copreside el Caucus Congressional Freethought. Añadió que esta visión excluye la diversidad religiosa y cultural del país.
El encuentro coincide con otras iniciativas impulsadas por la administración Trump para galvanizar a su base cristiana conservadora. Varios participantes del evento también integran la Comisión de Libertad Religiosa creada por el mandatario, y han apoyado medidas que cuestionan la doctrina de separación entre iglesia y Estado.
Según una encuesta reciente del Pew Research Center, un 20% de los adultos estadounidenses y una cuarta parte de los republicanos favorecen establecer el cristianismo como religión oficial. Grupos laicos, como la Freedom From Religion Foundation, planean manifestarse el mismo día del evento. “Este es el gobierno organizando un acto nacionalista cristiano”, denunció su copresidenta, Annie Laurie Gaylor.
Historiadores y líderes religiosos progresistas recordaron que los fundadores de la nación, aunque promovieron la libertad de culto, dejaron claro que Estados Unidos no tendría una religión oficial. “El evento no refleja el tipo de país que los fundadores quisieron crear”, escribió el pastor y editor Brian Kaylor.




