El aumento en los precios del combustible durante la guerra con Irán ha golpeado el presupuesto de millones de hogares en Estados Unidos, y el presidente Donald Trump busca suspender el impuesto federal a la gasolina como una medida de alivio económico.
El mandatario no puede imponer esta decisión por sí solo y aún no ha definido cuánto tiempo duraría la suspensión. Sin embargo, congresistas de ambos partidos promueven propuestas para pausar el cobro hasta el 1 de octubre.
El impuesto federal actual asciende a 18.4 centavos de dólar por galón (4.8 centavos por litro). Aunque su suspensión podría aliviar a las familias y empresas, expertos advierten que el impacto en los precios sería limitado y tardaría en reflejarse. Carl Davis, del Instituto de Política Fiscal y Económica, explicó que “no es realista esperar una baja inmediata de 18 centavos”, ya que el tributo se aplica a nivel mayorista, no directamente en el surtidor.
El Modelo Presupuestario Penn Wharton calcula que solo un 72% del recorte llegaría a los consumidores, lo que reduciría alrededor de 13.2 centavos por galón. Si la suspensión se extiende de junio a octubre, un hogar que llena un tanque semanalmente ahorraría aproximadamente 35 dólares en cuatro meses.
Según la AAA, el precio promedio nacional ronda los 4.50 dólares por galón (1.18 dólares por litro), muy por encima de los 2.98 dólares (78 centavos por litro) registrados antes del conflicto. Trump admitió que el impuesto representa una parte pequeña del costo, pero “sigue siendo dinero”, dijo a periodistas.
Suspenderlo tendría consecuencias fiscales. Los programas federales de carreteras y transporte público dependen de estos fondos, y el gobierno podría perder hasta 8,350 millones de dólares en cuatro meses, y más de 11,000 millones si se incluyen los impuestos al diésel. Compensar estas pérdidas con fondos generales podría aumentar el déficit y poner en riesgo futuros proyectos de infraestructura, advirtieron analistas.
A nivel estatal, algunos territorios como Indiana y Georgia ya aprobaron suspensiones temporales, mientras que Kentucky y Utah han reducido sus gravámenes. Sin embargo, muchos estados enfrentan limitaciones presupuestarias que dificultan medidas similares, dado que estos ingresos también financian educación, medio ambiente y servicios públicos.
Los precios de la gasolina también responden a factores globales. El petróleo crudo, componente principal del combustible, supera los 100 dólares por barril, impulsado por tensiones en el estrecho de Ormuz y la prolongación del conflicto. “Esto es realmente un problema de política exterior. No hay una curita fiscal que pueda resolverlo”, concluyó Davis.
En este contexto, la suspensión del impuesto podría aliviar de forma temporal a los conductores, pero no soluciona las raíces del alza: la inestabilidad geopolítica y la presión sobre el suministro mundial de petróleo.




