Londres – El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, atraviesa una dura batalla por su cargo luego de que el Partido Laborista sufriera devastadores resultados en las recientes elecciones locales. De repetirse esos números en unos comicios generales, su gobierno perdería el poder de forma contundente.
Aunque logró una victoria aplastante en las elecciones de julio de 2024, la popularidad de los laboristas se ha desplomado y Starmer carga con gran parte de la culpa. Entre las causas señaladas se encuentran errores políticos, una percepción de falta de rumbo, una economía británica debilitada y cuestionamientos por su decisión de nombrar a Peter Mandelson embajador en Washington, pese a sus vínculos con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein.
Las próximas elecciones nacionales están programadas para 2029, pero el sistema político británico permite que los partidos sustituyan a su líder a mitad del mandato sin convocar a una votación general. Dentro del Laborismo, muchas voces consideran que la única forma de recuperar la estabilidad y contener la presión de derecha e izquierda es que Starmer abandone el cargo cuanto antes.
“Tenemos que cambiar y hacerlo rápido”, declaró la legisladora Catherine West, quien pidió establecer un calendario claro para la sucesión. Sin embargo, reemplazar a un líder laborista no es sencillo. A diferencia de los conservadores, el partido no tiene tradición de destituir a sus líderes.
La vía más directa sería que Starmer renuncie por su cuenta, lo que abriría un proceso interno para elegir un nuevo líder. En ese escenario, el viceprimer ministro David Lammy podría ser designado primer ministro interino. Las normas del partido exigen que los aspirantes cuenten con el respaldo de una quinta parte de los legisladores laboristas —unos 81 diputados— antes de participar en la votación general de los miembros y afiliados.
Más de 70 parlamentarios han pedido que Starmer anuncie un calendario de salida, evidenciando el creciente malestar interno, aunque ninguno ha lanzado aún una candidatura formal.
Si el primer ministro decide resistir, podría enfrentarse a una impugnación interna. Catherine West ha insinuado su intención de postularse si el gabinete no actúa, aunque reconoce no tener aún el apoyo necesario. A diferencia de los conservadores, que han removido líderes como Margaret Thatcher en 1990 o Boris Johnson en 2022, los laboristas jamás han derrocado a un primer ministro en funciones.
Entre los posibles sucesores se mencionan el secretario de Sanidad, Wes Streeting, y la ex viceprimera ministra Angela Rayner, actualmente bajo investigación por un asunto fiscal. Otro nombre fuerte es Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester, aunque por ahora no puede competir al no tener un escaño en el Parlamento.
Starmer, por su parte, ha insistido en que no renunciará, afirmando que su salida “sumiría al país en el caos”. Según las reglas, si se produjera una elección interna, el ganador sería invitado por el rey Charles III a formar nuevo gobierno.
Esta historia fue traducida al español con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y revisada por un editor antes de su publicación.



