Kevin González, un joven de 18 años cuyo caso se convirtió en símbolo de las duras políticas migratorias impulsadas bajo el gobierno de Donald Trump, falleció el domingo en Durango, México, pocas horas después de reencontrarse con sus padres, quienes estuvieron detenidos en Estados Unidos.
Una tía y un hermano confirmaron su muerte a NBC Chicago. El representante demócrata Chuy García también informó el deceso: “Estoy profundamente apenado y con el corazón roto al enterarme de que Kevin González ha fallecido. Sus padres lograron reunirse con él en Durango, pero debieron haber tenido más tiempo juntos”, escribió en X. Agregó que continuará luchando por un sistema migratorio más humano y digno.
Kevin, ciudadano estadounidense, fue diagnosticado este año con cáncer de colon que se extendió al estómago y los pulmones. Sus padres, Isidoro González Avilés y su esposa, Norma Anabel, vivían en Durango tras haber sido deportados. Cuando supieron del diagnóstico, cruzaron la frontera de manera irregular, pero fueron detenidos en Douglas, Arizona, y trasladados a un centro de detención.
Mientras tanto, Kevin viajó a Durango y, al saber que sus padres estaban bajo custodia, rogó por verlos antes de morir. Tras semanas de gestiones de congresistas y autoridades consulares mexicanas, un juez de inmigración ordenó la liberación inmediata de los padres. El Departamento de Seguridad Nacional los dejó en libertad el viernes, permitiendo que el sábado finalmente pudieran abrazar a su hijo.
“Vas a ver que te vas a poner bien, mi amor”, le dijo Norma al reencontrarse con Kevin. “Los doctores pueden decir muchas cosas, pero solo Dios sabe”. Isidoro contó que se arrodilló frente a su hijo y le pidió perdón si alguna vez lo había decepcionado.
La congresista Delia C. Ramírez expresó en X: “Me rompe el corazón saber que Kevin murió no mucho después de reunirse con sus padres. Murió rodeado de su familia gracias al amor y al poder de nuestra comunidad”. Añadió que el caso debe inspirar a seguir luchando por un mundo más compasivo y justo.
Meses antes, Kevin había viajado desde Chicago a la casa de su abuela Victoria en Durango con la esperanza de despedirse. Allí pasó sus últimos días bajo cuidados básicos, ya sin tratamiento médico. Según contó Victoria, al dolor físico se sumaba la tristeza por no poder ver a sus padres.
La familia había intentado conseguir visas humanitarias sin éxito, a pesar de la documentación médica del Hospital de la Universidad de Chicago que confirmaba su estado terminal. La madre solo pudo hablar con él mediante videollamadas hasta que finalmente fue liberada junto a su esposo.
El caso generó una ola de solidaridad y llamados de políticos como la congresista por Arizona, Adelita Grijalva, quien reclamó su liberación inmediata por razones de “decencia humana”. La cónsul general de México en Chicago, Reyna Torres Mendívil, y el cónsul en Tucson, Fernando Sánchez, coordinaban la defensa legal y eventual repatriación de los padres.
Kevin González murió acompañado de su familia, dejando tras de sí una historia de amor, resistencia y esperanza frente a las fronteras y la enfermedad.



