El Departamento de Educación maneja un presupuesto multimillonario y, desde hace décadas, es una de las agencias que más fondos recibe del gobierno. Sin embargo, la distribución de ese dinero es compleja y está atrapada entre procesos burocráticos y exigencias legales que dificultan comprender cómo se usan los recursos para cumplir con la misión de educar a la niñez y juventud de Puerto Rico.
Así lo revela un informe preparado por la organización Sembrando Sentido, que examinó la gestión financiera de la agencia y concluyó que la falta de transparencia y la excesiva burocracia limitan la capacidad pública de entender cómo se destinan los fondos. El estudio subraya que los mecanismos disponibles para rastrear los gastos del Departamento resultan insuficientes, lo que obstaculiza la fiscalización ciudadana y la toma de decisiones informadas sobre las prioridades educativas.
La investigación destaca que la magnitud del presupuesto contrasta con la ausencia de información clara y accesible, lo que alimenta la desconfianza sobre el uso eficiente de los recursos y la efectividad de los programas implementados para atender las necesidades de los estudiantes y las comunidades escolares.




