El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, expresó durante un acto en la Universidad de Mississippi que espera que su esposa, Usha Chilukuri Vance, de fe hindú, se convierta algún día al cristianismo. Sus declaraciones, hechas ante una concurrida arena universitaria durante un evento organizado por Turning Point USA, provocaron un encendido debate sobre las dinámicas en los matrimonios interreligiosos.
Vance, quien se convirtió al catolicismo en 2019, cinco años después de casarse, respondió a una pregunta sobre cómo crían a sus hijos sin imponer una religión sobre otra. “¿Espero que algún día ella se sienta conmovida de alguna forma por lo que me conmovió en la iglesia? Sí, honestamente, lo deseo”, dijo. “Pero si no lo hace, entonces Dios dice que todos tenemos libre albedrío, y para mí, eso no es un problema”.
Sus palabras fueron criticadas por la Fundación Hindú Americana, que advirtió sobre discursos antihindúes e intentos de conversión forzada. En un comunicado, la entidad sostuvo que las expresiones del vicepresidente reflejan una visión excluyente “de que solo hay un camino verdadero hacia la salvación, y ese camino es Cristo”.
Vance respondió en la red X que su esposa “es la bendición más increíble” de su vida y que ella lo animó a reconectarse con su fe. “No es cristiana y no tiene planes de convertirse, pero como muchas personas en un matrimonio interreligioso, espero que algún día pueda ver las cosas como yo. Independientemente de eso, seguiré amándola y apoyándola”, escribió.
Expertos consultados por el medio coinciden en que imponer expectativas de conversión puede dañar la relación. Susan Katz Miller, autora del libro “Being Both: Embracing Two Religions in One Interfaith Family”, enfatizó que “respetar a tu pareja y cada parte de su identidad es fundamental para la honestidad en el matrimonio”.
Según una encuesta del Centro Pew de 2015, el 39% de los estadounidenses casados a partir de 2010 tienen cónyuges de distinta religión —casi el doble que los casados antes de 1960—. Este aumento refleja una sociedad más abierta a la diversidad espiritual, aunque no exenta de retos.
John Grabowski, profesor de teología en la Universidad Católica de América, recordó que la Iglesia Católica exige que los hijos de matrimonios interreligiosos sean criados en la fe católica, pero subrayó que “los cónyuges no deben ser coaccionados o presionados para adoptar la fe”.
Otras voces, como la de la reverenda J. Dana Trent, quien está casada con un exmonje hindú, sostienen que el objetivo de un matrimonio interreligioso “no es convertir al otro, sino compartir y profundizar en los caminos de fe de cada uno”.
El debate, avivado por las palabras del vicepresidente, ilustra los desafíos personales y culturales que enfrentan las familias en sociedades diversas, donde la fe y el amor se entrelazan en un delicado equilibrio.




