Estudiantes en EE. UU. enfrentan incertidumbre por la ayuda alimentaria federal

Miles de universitarios dependen del SNAP, suspendido temporalmente por el cierre del gobierno.
En medio de la incertidumbre sobre la ayuda debido al cierre del gobierno, los estudiantes dependen cada vez más de las universidades para comprar alimentos

SACRAMENTO, California – En la despensa universitaria de la capital californiana, los estantes con calabazas, Spam y comida para bebés se vacían rápidamente. Cada semana, cientos de estudiantes de la Universidad Estatal de California, Sacramento (Sac State) acuden al Centro de Recursos para Necesidades Básicas, donde pueden llevar hasta una docena de productos, desde frutas frescas hasta ropa usada.

“Es una gran bendición”, dijo Antonette Duff, estudiante de psicología y beneficiaria del Programa Federal de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP), antes conocido como cupones de alimentos. Más de 3,600 alumnos de Sac State, de una matrícula total de 31,000, reciben esta ayuda. En todo California, más de 200,000 universitarios cuentan con SNAP, y a nivel nacional, la cifra supera el millón según agencias estatales y federales.

Sin embargo, la reciente suspensión de los beneficios debido al cierre del gobierno ha dejado a millones en incertidumbre. Un juez federal ordenó reactivar los fondos, pero el Tribunal Supremo de Estados Unidos bloqueó temporalmente esa decisión, lo que generó confusión. “Pone a los estudiantes en una situación horrible”, expresó Mike Hannigan, del Greenfield Community College de Massachusetts. Él, quien recibe unos 300 dólares al mes, no recibió su ayuda en noviembre y teme tener que elegir entre estudiar o trabajar más turnos para comer.

En distintos campus, se han organizado soluciones emergentes. Hannigan y compañeros montaron un mercado gratuito con productos agrícolas locales. En el Nueta Hidatsa Sahnish College, en Dakota del Norte, los “martes de sopa” ofrecen alimentos sin costo y pronto distribuirán tarjetas regalo para comprar en tiendas cercanas. “Usar a los más vulnerables como peones políticos es insostenible”, advirtió su presidenta, Twyla Baker.

Aun con estos esfuerzos, la necesidad crece. AJ Scheitler, del Centro de Equidad de Datos de la Universidad de California en Los Ángeles, explicó que los estudiantes priorizan matrícula, libros y vivienda, dejando la comida para el final. “Después de cubrir lo básico, el presupuesto para alimentarse casi desaparece”, dijo.

En la Universidad de Nuevo México, entre 100 y 150 estudiantes acuden a diario a la despensa del campus. “La comida entra y sale tan rápido que sabemos cuán grande es la necesidad”, comentó Lisa Lindquist, directora del Centro de Defensa LoboRESPECT.

Para algunos, la situación es alarmante. July Star Medina, estudiante de biología en Sac State, vio reducirse su ayuda mensual de 290 a 120 dólares tras trabajar más horas en verano. “No creo que sea suficiente. Me dura apenas dos semanas”, contó. La incertidumbre de perder esa ayuda la mantiene en alerta. “Ahora tengo que buscar de dónde sacar dinero para cubrir lo básico”.

Scheitler advirtió que el impacto puede ser serio: “Si los estudiantes no logran alimentarse, sus notas bajarán y su salud mental se afectará. Debe resolverse pronto”.

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