Antes de partir hacia China esta semana, el presidente Donald Trump adelantó en redes sociales que su homólogo chino, Xi Jinping, “le daría un gran abrazo al llegar”. Sin embargo, los profundos lazos de Beijing con Irán y los roces comerciales que persisten desde el primer mandato del republicano amenazan con enfriar el clima de su visita.
Trump arribará a Beijing el miércoles en la noche. El jueves participará en una ceremonia de bienvenida y un banquete de Estado, y el viernes mantendrá un té y almuerzo de trabajo con Xi, informó la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly. Ambos planean discutir la creación de una nueva Junta de Comercio y la cooperación en sectores como energía, agricultura y aeroespacial.
Aunque se prevé una recepción formal, observadores anticipan menos pompa que la “visita de Estado‑plus” de 2017, cuando China desplegó lujo y símbolos imperiales. Según Jonathan Czin, exdirector para China del Consejo de Seguridad Nacional bajo Joe Biden, “incluso antes de la crisis con Irán, las relaciones ya estaban tensas”.
Durante aquella visita de 2017, Xi agasajó a Trump y a la primera dama con un recorrido y cena privada en la Ciudad Prohibida. Ahora, según Ali Wyne, de Crisis Group, la ceremonia tendrá otro propósito: “Xi comprende mejor a Trump y sabe que Estados Unidos ya reconoce a China como un rival casi equivalente”.
Czin, ahora investigador en Brookings Institution, señaló que Beijing podría esperar a las elecciones de medio término de EE.UU. para obtener mayor ventaja negociadora. Mientras tanto, la Casa Blanca busca proyectar firmeza en comercio y política exterior, incluso cuando crece el descontento interno por la guerra con Irán.
Trump y Xi podrían encontrarse hasta cuatro veces este año: en esta visita, en la Casa Blanca, durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia‑Pacífico en Shenzhen y en el G20 que se realizaría en Doral, Florida. Sin embargo, no todos los encuentros se confirmarán, pues a Xi tampoco le gusta viajar con frecuencia.
El mandatario estadounidense ha elogiado reiteradamente a Xi. En 2024 dijo al consejo editorial de The Wall Street Journal que “se llevaba muy bien con él”, y sugirió que su relación personal bastaría para evitar un conflicto por Taiwán. Aun así, ha propuesto vender armas a la isla.
La visita actual, pospuesta antes por la guerra con Irán, incluirá la expectativa de que China utilice su influencia con Teherán para consolidar un alto el fuego. Si lo logra, mejoraría su posición ante Washington en las negociaciones comerciales.
Los acuerdos multimillonarios anunciados durante las primeras visitas de Trump a China nunca se materializaron. En cambio, los nuevos aranceles implementados por Washington en el último año motivaron represalias chinas y restricciones en el comercio agrícola y tecnológico. Según la Casa Blanca, la tregua comercial alcanzada el pasado otoño podría extenderse.
“La próxima cumbre será significativa tanto en lo simbólico como en lo sustantivo”, aseguró Kelly. “El presidente Trump no viaja a ningún lugar sin traer resultados para nuestro país”.



