Moscú – El presidente ruso, Vladímir Putin, muestra señales de debilidad inéditas desde el inicio de la guerra en Ucrania en febrero de 2022. La ofensiva militar está estancada, sus niveles de popularidad descienden y su círculo más cercano parece pensar en su propio futuro antes que en el del país.
Analistas apuntan que el punto más evidente de esa fragilidad se reflejó durante el desfile del Día de la Victoria, que debía ser el evento más importante del Kremlin. Según el periodista exiliado Ígor Yakovenko, la conmemoración fue una “Parada de la Derrota”, pues Moscú necesitó la aprobación de Ucrania y Estados Unidos para realizarla sin incidentes. Con poca asistencia y sin armamento pesado, la celebración dejó en evidencia que la retórica victoriosa ya no convence ni a los propios partidarios del Kremlin.
La propaganda soviética, elemento clave del poder putinista, se enfrenta a una nueva realidad: la amenaza de los drones enemigos y la sensación de vulnerabilidad dentro de Rusia. Politólogos independientes aseguran que el sistema de Putin “tiene los días contados” y podría enfrentar una transición similar a la de 1991 o al deshielo posterior a la muerte de Stalin.
“Putin está perdiendo su magia”, escribió Alexandr Báunov, autor de “El fin del régimen”, quien considera que cada intento del mandatario por conservar el poder solo acelera la desintegración del sistema. Medios rusos e internacionales revelan además tensiones entre el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y los servicios de seguridad (FSB, FSO y Guardia Nacional), mientras los oligarcas compiten por recursos y favores del Kremlin.
Fuentes de inteligencia europeas mencionan un creciente temor dentro del entorno presidencial ante un posible golpe interno. Entre los señalados está Serguéi Shoigú, exministro de Defensa destituido en 2024 tras casos de corrupción. El control de la información también se ha endurecido. Expertos advierten que el bloqueo de internet refleja la desconexión de Putin con la realidad digital, lo que ha reducido el apoyo al partido gobernante a menos del 30%.
En el frente militar, Rusia no registra conquistas relevantes. La ofensiva primaveral fue un fracaso y el control del Donbás sigue siendo inalcanzable. De acuerdo con los portales Meduza y Mediazona, más de 352,000 rusos han muerto en combate hasta diciembre de 2025. A esto se suma la caída de 38.3% en los ingresos por exportaciones de petróleo y gas entre enero y abril, limitando la capacidad de financiar la guerra.
“En Rusia no se juzga a los ganadores, pero a los perdedores sí. Ese proceso acaba de comenzar con Putin”, concluye Báunov.



