“Piculín pudo haber jugado fácilmente más de una década en la NBA”, afirmó Tony Ruiz, exdirigente del Baloncesto Superior Nacional (BSN), al recordar la carrera del legendario José “Piculín” Ortiz.
Ortiz, quien se consagró como una de las grandes figuras del baloncesto puertorriqueño y europeo, tuvo una breve estadía en la NBA. Fue seleccionado en el decimoquinto turno por el Jazz de Utah en el sorteo de 1987, tras destacarse en la Universidad de Oregon State. Debutó el 9 de noviembre de 1988, participando en 51 partidos y siendo titular en 15 durante la temporada 1988-89. En la siguiente campaña jugó apenas 13 encuentros antes de ser dado de baja. Promedió 2.9 puntos y 1.1 rebotes por juego.
Ruiz destacó que el boricua tenía las destrezas necesarias para permanecer largo tiempo en la liga, especialmente de haber caído en un equipo con un sistema más favorable. “Se enfrentó a centros élite como David Robinson, Alonzo Mourning y Tim Duncan, y lució también como uno de ellos”, recordó el técnico sobre sus duelos internacionales con el Equipo Nacional de Puerto Rico.
En ese entonces, Utah contaba con Karl Malone como delantero y Mark Eaton como pívot, lo que limitó las oportunidades del boricua. Ruiz también apuntó que la NBA de finales de los 80 y comienzos de los 90 era un escenario difícil para los jugadores extranjeros, particularmente para los hombres grandes que requerían desarrollo.
El historiador deportivo Paquito Rodríguez coincidió con esa visión. “Pienso que Piculín pudo haber sido un jugador sólido en el equipo correcto. Era muy difícil para un jugador extranjero establecerse en la liga en aquel momento”, expresó. Añadió que Ortiz era un competidor incansable, frustrado por la falta de minutos en Utah, lo que terminó llevándolo a Europa. “Piculín amaba competir, y no tener minutos lo desmotivó”, dijo.
Tras dejar la NBA, Ortiz construyó una exitosa carrera en Europa, especialmente en España y Grecia, y continuó siendo pieza clave del BSN. Con San Germán y Santurce ganó ocho campeonatos y acumuló 8,915 puntos, 5,314 rebotes y 1,134 asistencias en 505 partidos de temporada regular.
Tanto Ruiz como Rodríguez subrayaron que su amor por Puerto Rico también influyó en sus decisiones. En una época en que los jugadores de la NBA tenían restricciones para participar en torneos internacionales, Ortiz eligió representar a su país. Lo hizo durante más de dos décadas, actuando en múltiples Juegos Olímpicos y Mundiales FIBA, consolidando así un legado que trascendió las fronteras de la NBA.
Aun así, persiste la pregunta: ¿hasta dónde habría llegado Piculín Ortíz si hubiera tenido la oportunidad de consolidarse en una liga que, en aquel entonces, apenas comenzaba a abrirse al talento internacional?




