Diversas figuras del deporte y de otros sectores del país lamentaron este martes el fallecimiento del reconocido canastero puertorriqueño José “Piculín” Ortiz, considerado uno de los atletas más emblemáticos en la historia del baloncesto nacional.
La presidenta del Comité Olímpico de Puerto Rico, Sara Rosario Vélez, destacó que Ortiz fue un símbolo del deporte boricua y un referente de los valores olímpicos. “Puerto Rico pierde hoy a uno de sus más grandes atletas y a un verdadero símbolo de lo que representa competir por nuestra bandera. Piculín fue mucho más que un extraordinario baloncelista; fue un líder, un referente y un atleta que encarnó los valores del olimpismo en cada escenario en el que representó a nuestro país”, expresó. Añadió que su entrega, carácter competitivo y amor por la Isla “marcaron a generaciones y elevaron nuestro nombre a nivel mundial”.
La Federación de Baloncesto de Puerto Rico, por su parte, resaltó en declaraciones escritas que “hoy Puerto Rico pierde más que un atleta. Pierde una leyenda”. En su mensaje agradeció a Ortiz por “tantas alegrías, por representar nuestra bandera con orgullo y por llevar el nombre de la Isla a lo más alto”.
El alcalde de Caguas, William Miranda Torres, dijo que recibió con profunda tristeza la noticia del fallecimiento de “un gigante del baloncesto puertorriqueño”. Destacó que Ortiz llevó el nombre de Puerto Rico “con orgullo, entrega y dignidad” y que fue inspiración para generaciones de fanáticos.
El presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, calificó la partida del atleta como “una triste pérdida”, recordando que sus ejecutorias en la cancha llenaron de “gloria y orgullo” al país. Mientras, el exsenador Juan Dalmau expresó que la muerte de Ortiz deja “un vacío inmenso en nuestro deporte y en el corazón de todo un pueblo que creció viéndolo defender nuestra bandera”, y lo describió como “un caballero y un puertorriqueño orgulloso de su nacionalidad”.
José “Piculín” Ortiz, recordado como uno de los máximos exponentes del baloncesto boricua, comenzó su carrera en el Baloncesto Superior Nacional en 1980 con San Germán y fue seleccionado en el turno 15 de la primera ronda del sorteo de novatos de la NBA de 1987 por el Jazz de Utah. Su legado, coinciden muchos, trasciende el deporte y vivirá por siempre en la memoria colectiva del pueblo puertorriqueño.




