La más reciente advertencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre retirar más de 5,000 soldados de Alemania reavivó el debate sobre los límites legales de su autoridad en materia militar exterior. El anuncio surgió tras las declaraciones del canciller alemán Friedrich Merz, quien había cuestionado la estrategia de Washington en la guerra de Irán y afirmó que Teherán estaba “humillando” a Estados Unidos. En respuesta, Trump adelantó que podrían salir de suelo alemán no solo esos 5,000 militares, sino “muchos más”.
El asunto plantea una duda clave: ¿puede el presidente ordenar por sí solo esa reducción? La Ley de Autorización de la Defensa Nacional (NDAA) para el año fiscal 2026, firmada por el propio Trump en diciembre de 2025, establece una presencia mínima de 76,000 efectivos estadounidenses en Europa. Según la legislación, el Pentágono no puede disminuir las tropas por debajo de ese número durante más de 45 días sin presentar un informe formal al Congreso que garantice que la reducción no comprometerá los intereses de seguridad de Estados Unidos ni de la OTAN.
La norma, aprobada con apoyo bipartidista, buscó asegurar la presencia militar estadounidense en el continente europeo, ante las tensiones diplomáticas de Washington con sus aliados. Esto significa que Trump conserva poder para reducir la presencia militar, pero no puede hacerlo sin cumplir los requisitos legales.
De concretarse la retirada, el contingente estadounidense en Europa quedaría en torno a 80,000 efectivos, una cifra similar a la existente antes del conflicto en Ucrania. No obstante, Alemania —que alberga unos 36,400 militares estadounidenses— sería la más afectada. Le siguen Reino Unido, con 10,156 efectivos, y otros países como Italia y España, donde también podría haber recortes.
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, reaccionó afirmando que Europa debe “asumir más responsabilidad en su defensa”. La decisión de reducir la presencia en Alemania, y posiblemente en otros países, profundiza los roces entre Trump y Europa en esta primera mitad de su segundo mandato. Los desencuentros incluyen disputas sobre aranceles, el apoyo a Ucrania y hasta la sugerencia de anexar Groenlandia.
Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, la relación de Trump con la OTAN ha sido tensa, y la guerra de Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026, aumentó la fricción transatlántica. El mandatario ha descrito repetidamente a la alianza como un “tigre de papel” y calificado a varios países miembros de “cobardes”, llegando incluso a amenazar con retirar a Estados Unidos de la OTAN.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, trató de calmar los ánimos al señalar en una cumbre en Armenia que Washington estaba “decepcionado” por la respuesta de sus aliados ante la guerra de Irán, aunque matizó que “han captado el mensaje” sobre la necesidad de mayor apoyo logístico.



