Cidra – A la joven de 16 años le temblaban las manos cuando entró a la oficina de su psiquiatra para compartir con El Nuevo Día los momentos más difíciles de su infancia. Narró que perdió a su madre a los siete años y no conoció a su padre biológico hasta mucho después. Vivía con su abuela, de donde en ocasiones se escapaba, y mantenía constantes conflictos tanto en la escuela como con sus tutores.
Todo cambió al ingresar al Hospital Panamericano, donde recibe terapias y educación en un ambiente especializado que combina apoyo emocional y académico. Allí encontró un espacio seguro para reencontrarse con su historia, aprender a controlar sus impulsos y construir una nueva versión de sí misma. Hoy asegura sentirse más tranquila y enfocada en sus metas.
“Quisiera que mi familia viera esta nueva yo”, confesó la estudiante, convencida de que el proceso terapéutico que vive en el hospital ha sido clave para recuperar la confianza y el sentido de propósito.




